El Leño Pinto Digital
Babilonia: cuando el timón de la sociedad era la ley
Por
Homero Luis Lajara Solá
Babilonia existió hace casi cuatro mil años, alrededor del 1800 antes de Cristo, en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates, hoy Irak. Mientras muchas sociedades navegaban sin cartas ni rumbo, Babilonia ya había entendido una verdad básica de toda travesía: sin reglas claras, el barco se va a la deriva.
Durante el reinado del rey Hammurabi, esa civilización trazó su carta náutica principal: un código de leyes escrito. No era perfecto, pero cumplía una función vital: fijar el rumbo. Allí se regulaban la familia, el comercio, la propiedad y las responsabilidades. Lo importante no eran los castigos, sino el principio: el mando también estaba sujeto a la norma.
En Babilonia todo quedaba registrado. Actas de nacimiento, contratos de matrimonio, herencias y compraventas. En lenguaje de marinos: cada maniobra quedaba en la bitácora. Eso evitaba improvisaciones, abusos y choques innecesarios. Sin registro, no hay orden; sin orden, no hay flotilla que aguante.
Incluso las mujeres libres podían poseer bienes y acudir a tribunales. No era igualdad plena, pero sí reconocimiento jurídico. La ciudad funcionaba porque cada quien conocía su rol, sus límites y sus responsabilidades.
La lección es clara y vigente. Ninguna institución —y menos una armada— puede operar con éxito si cada cual interpreta las órdenes a su manera. La Ley Orgánica es el reglamento de navegación de las Fuerzas Armadas. No es obstáculo, es protección. Garantiza disciplina, mando legítimo y cohesión.
Cuando se respeta la ley, la nave avanza firme, aun con mar gruesa. Cuando se ignora, el naufragio no es cuestión de ideología, sino de tiempo. Babilonia lo entendió hace cuatro mil años. Nosotros no tenemos excusa para olvidarlo.


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