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jueves, 5 de noviembre de 2026
Prisión preventiva para militar procesado por el Ministerio Público por su vinculación al narcotráfico
Policía Nacional anuncia XVI Cumbre Ordinaria de AMERIPOL, que reunirá en Santo Domingo a jefes policiales de América Latina y el Caribe
El encuentro se celebrará los días 11 y 12 de noviembre bajo el lema “Respuesta regional ante las amenazas que desestabilizan la seguridad interior de los Estados”.
La Policía Nacional anunció la celebración de la XVI Cumbre Ordinaria de la Comunidad de Policías de América (AMERIPOL), los días 11 y 12 de noviembre de 2026, en Santo Domingo, con la participación de directores y máximas autoridades de instituciones policiales de América Latina y el Caribe.
El anuncio fue realizado durante una reunión encabezada por el director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García, junto al subdirector general, general Esteban Figuereo García; el viceministro de Seguridad Interior del Ministerio de Interior y Policía, Edwin Eusebio Féliz Brito, en representación de la ministra Faride Raful; y el inspector general policial, general Martín Tapia Sánchez, entre otros integrantes de la Plana Mayor.
Durante el encuentro, el general Figuereo García destacó la importancia de coordinar con anticipación los trabajos organizativos, operativos y logísticos para garantizar el desarrollo exitoso de la cumbre. Asimismo, fueron distribuidas responsabilidades entre los altos oficiales y las distintas áreas involucradas en la preparación del evento.
Bajo el lema “Respuesta regional ante las amenazas que desestabilizan la seguridad interior de los Estados”, la cumbre propiciará el intercambio de experiencias, información y buenas prácticas, así como la articulación de estrategias conjuntas frente a las amenazas que representan el crimen organizado transnacional y otras modalidades delictivas.
El encuentro reunirá a integrantes del Consejo de Directores de Policía de los países miembros de AMERIPOL, además de representantes de organismos internacionales y entidades estratégicas vinculadas a la seguridad regional.
AMERIPOL es un mecanismo de cooperación que integra instituciones policiales de más de 30 países y facilita la coordinación operativa, el intercambio de información, la capacitación especializada y el desarrollo de acciones conjuntas contra las distintas manifestaciones del crimen organizado.
La celebración de esta XVI Cumbre en territorio dominicano representa una oportunidad para fortalecer los vínculos de colaboración entre los organismos policiales del continente, impulsar nuevas alianzas estratégicas y consolidar mecanismos de respuesta conjunta ante los desafíos de seguridad.
Con esta designación, la República Dominicana reafirma su compromiso con la cooperación internacional y la integración regional, al tiempo que proyecta las capacidades de su Policía Nacional como parte de los esfuerzos para contribuir a una América más segura.
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Entre dos generales
Entre dos generales
Por
Homero Luis Lajara Solá
Revisando mi bitácora, encontré un episodio que hoy me provoca risa. Cuando ocurrió, estaba demasiado ocupado buscando cómo salir del apuro.
Era oficial de enlace entre la Marina de Guerra —hoy Armada— y el Grupo Consultivo de Asistencia Militar norteamericano (USMAAG) con asiento en la embajada de Estados Unidos. Una de las obligaciones que más tensión me producía era las visitas de generales de ese país. La confidencialidad de algunas conversaciones me llevó a oficiar varias veces de intérprete. Sabía inglés, pero nunca había estudiado para ejercer ese oficio.
En una de aquellas ocasiones llegó un general de la Fuerza Aérea norteamericana. La visita era confidencial y me correspondió interpretar durante su encuentro con el secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, teniente general Héctor García Tejada, EN.
El general García Tejada era un hombre recio, de una trayectoria militar digna de encomio y con experiencia en acontecimientos importantes de la Guerra Fría. Debía estar atento a sus palabras.
Tras las presentaciones comenzó un relato largo. Yo necesitaba retenerlo, traducirlo y continuar la conversación. Él avanzaba y yo me quedaba atrás. Llegó un momento en que tuve que intervenir:
—Respetuosamente, señor secretario, ¿podría usted hablar más lentamente para que pueda traducir correctamente, señor?
Me clavó los ojos como un garfio en pleno abordaje.
—Oficial, ¿entonces usted me está diciendo que yo hablo muy rápido?
Ahí me salió la respuesta:
—Respetuosamente, señor secretario, eso sería imposible. Es que yo traduzco muy lentamente.
Comenzaron las carcajadas. Hasta el general norteamericano, que no sabía español, terminó riéndose. La tensión se había ido y yo había logrado salir de debajo del ancla en medio de aquella maniobra.
Antes de retirarnos, el general García Tejada me dijo:
—Oficial, usted no puede negar su origen y su estirpe. A partir de ahora usted es mi intérprete oficial.
Aquellas palabras tenían su historia. Siendo cadete de primer año, el general García Tejada había participado en la Misión Naval a España de 1954, diseñada y ejecutada por mi padre, el almirante Luis Homero Lajara Burgos.
Y cumplió lo anunciado. Me tocó interpretar en varias visitas de comandantes del Comando Sur y también en encuentros con diplomáticos que no eran militares. Mi traducción «muy lenta» había generado nuevas obligaciones.
Cervantes colocaba el valor entre la cobardía y la temeridad. Aristóteles apreciaba el humor que conserva el tacto. Al releer aquella página, encuentro algo de ambos; durante la reunión, bastante tenía con encontrar las palabras.
Comparto este recuerdo con los oficiales de hoy porque alguna vez les tocará expresar una dificultad ante un superior. Conviene hacerlo a tiempo, con respeto y haciéndose responsable de lo que se dice. Yo tenía que traducir correctamente y, para lograrlo, necesitaba pedir aquella cadencia.
El carácter nunca puede abandonar al militar en el ejercicio de sus funciones, cualquiera que sea el riesgo. Ese día me correspondió sostenerlo entre dos generales, uno de ellos, el entonces secretario de Estado de las Fuerzas Armadas de la República Dominicana.
miércoles, 4 de noviembre de 2026
Ministro de Defensa y ministro de la Presidencia recorren principales pasos fronterizos y constatan normalidad de las actividades en la zona
Las condecoraciones
Las condecoraciones
Por
Homero Luis Lajara Solá
En ocasiones, el cine sirve para explicar asuntos que, tratados con demasiada solemnidad, pocos se detienen a considerar. Recuerdo a Mario Moreno, Cantinflas, en Su excelencia, estrenada en México (1967). Allí aparece como Lopitos, embajador de la República de los Cocos en Pepeslavia. Conviene precisar el dato, pues la escena merece buscarse.
Durante la presentación de sus cartas credenciales, el presidente le impone una condecoración y el embajador corresponde con otra. El intercambio se anima y ambos siguen colocándose distinciones hasta agotar las que lleva Lopitos. Ante semejante emergencia diplomática, este recurre a la medallita de primera comunión de su consejero para no quedarse atrás.
Hasta ahí, la comedia. El asunto merece otra consideración cuando se trata de instituciones cuya historia exige respeto, particularmente las militares, donde una condecoración forma parte de la hoja de servicios de quien la recibe y debe poder explicarse por sus méritos.
En la carrera de las armas se aprende a respetar esos símbolos. Una medalla puede recordar un acto de valor, una misión cumplida en circunstancias difíciles o años de servicios distinguidos. Hay hombres que las recibieron en vida y familias que tuvieron que recogerlas por ellos. Esa realidad obliga a ser cuidadosos.
La facultad de concederlas exige conocer sus reglamentos y examinar los antecedentes de cada propuesta. Si una distinción establece determinadas condiciones, corresponde comprobar que el candidato las reúne. La amistad, el agradecimiento personal o el deseo de complacer no deben dispensar ese examen.
También se hace justicia cuando se reconoce a un subordinado que ha cumplido con discreción, lejos de las relaciones que facilitan una recomendación. El rigor debe servir tanto para impedir una concesión inmerecida como para evitar que un mérito verdadero pase inadvertido.
Con las condecoraciones no se juega ni se relaja. Quien las merece tiene derecho a recibirlas con orgullo y a confiar en que se aplicó el mismo criterio a los demás. Cuidar ese principio es una responsabilidad del mando.
martes, 3 de noviembre de 2026
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