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martes, 14 de julio de 2026
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Nobleza militar
Nobleza militar
Por
Homero Luis Lajara Solá
“En el espíritu humano anida la capacidad de hacer fecundo lo más yermo”
—Byung-Chul Han—
Filósofo norcoreano
Cada generación de militares se sostiene sobre el esfuerzo y el sacrificio de quienes la precedieron. Olvidar este principio sería quebrantar el espíritu de cuerpo que otorga sentido a la carrera de las armas.
La verdadera grandeza de un soldado de tierra, mar o aire no se mide por el rango ni por las posiciones que ha ostentado, sino por la firmeza con la que ha honrado esos valores durante su trayectoria.
En 1991, el contralmirante (retirado) de dos estrellas Luis Homero Lajara Burgos, pasado comandante general de la Armada RD, vivió una situación en la que se destacaronestos principios.
Su estado de salud requería tratamiento médico especializado y debía viajar a Nueva York para una cita médica urgente. Al llegar al mostrador de la Compañía Dominicana de Aviación (CDA), le informaron que el vuelo estaba sobrevendido.
A pesar de la urgencia del caso, la inflexibilidad de los procedimientos administrativos amenazaba con frustrar su imprescindible viaje al hospital estadounidense.
El mayor general piloto —en honroso retiro— Miguel Ángel Restituyo, FARD, quien continuaba trabajando tras ocupar las posiciones más elevadas en su institución, era el comandante designado para ese vuelo. En tal calidad, se enteró de la sobreventa de asientos y de la inflexibilidad de la empresa ante la urgencia médica de un compañero de armas en situación pasiva.
Alarmado por la gravedad del caso, se acercó al almirante y lo saludó con el respeto que merecían su grado emérito y su trayectoria. A continuación, luchó denodadamente para doblegar la terquedad administrativa.
Sin duda, el prestigio del general Restituyo, tanto en la FARD como en la CDA, sin necesidad de un uniforme militar, incidió para que reconsideraran el caso y asignaran un asiento que había quedado libre en primera clase a fin de que el veterano enfermo pudiera recibir la atención médica a tiempo en Nueva York.
A pesar de encontrarse en funciones fuera de la estructura de las Fuerzas Armadas, el general Restituyo no había perdido la esencia de su formación militar.
Su reacción fue la de un soldado del aire que entendía que el respeto y el apoyo hacia quienes los antecedieron no sólo se aplican a los que ocupan posiciones de mando o con influencias políticas, sino que dicha actitud constituye una obligación moral constante.
La disciplina no puede ser selectiva, la gratitud no debe diluirse y la solidaridad no puede desaparecer ante la conveniencia aparente.
Las Fuerzas Armadas son una comunidad de hombres y mujeres unidos por el deber. Cada militar que hoy goza de estabilidad, lo hace porque otros construyeron el pozo del cual ahora bebe agua limpia.
El ejemplo del general Restituyo debe servir de referencia para las nuevas generaciones de militares. Su proceder con mi progenitor me dejó una enseñanza imborrable sobre el verdadero significado del espíritu de cuerpo.
Ese legado es el que trasciende con el tiempo y se convierte en una brújula magnética para los uniformados, guiándolos por el camino de la luz con acciones que inspiran respeto, no solo entre sus miembros, sino ante la sociedad que observa y admira esos gestos de grandeza.
El almirante Lajara Burgos partió en la barca de Caronte en 1994, producto de complicaciones de esa dolencia y el mayor general Restituyo —que llegó a comandante general de la Fuerza Aérea (1984-1986)— también partió al vuelo eterno de la paz años después, pero dejando esa traza en los aires del deber que hoy me inspira a honrar su nobleza con un homólogo en el mar en apuros, mi honorable padre.
La Asociación de Mujeres Fiscales de la República Dominicana respalda la actuación de la procuradora fiscal *Ayeisa Cedeño Richiez*
Condena de 15 años de prisión para hombre por trata y tráfico ilícito de migrantes
SANTO DOMINGO (República Dominicana).- A solicitud del Ministerio Público, un tribunal de Santiago condenó a 15 años de prisión a un hombre que, bajo manipulación y engaño, ingresó al territorio dominicano a dos ciudadanas de la República de Colombia, con la falsa promesa de ofrecerles empleos.
Alexander Antonio Rodríguez (Mello Cotorra) fue hallado culpable de trata de personas y tráfico ilícito de migrantes en violación a los artículos 1 y 3 de la Ley 137-03 sobre Tráfico Ilícito de Migrantes y Trata de Personas.
El expediente instrumentado por el Ministerio Público establece que Rodríguez, después de traer a las víctimas a la República Dominicana, las obligó a ofertarse sexualmente, además de golpearlas e intimidarlas para que saldaran una supuesta deuda económica que habían contraído.
El órgano acusador apoderó al Tercer Tribunal Colegiado del distrito judicial de Santiago, de los resultados de sus indagatorias, en las que el fiscal investigador y director del Departamento de Trata y Tráfico Ilícito de Migrantes, Juan Osvaldo García, identifica, individualiza y somete al escrutinio judicial al encartado.
Los hechos ocurrieron en septiembre del año 2023 después de que una de las víctimas se comunicara vía telefónica con el ahora condenado, quien le manifestó en ese momento que podía emplearla en República Dominicana, en labores como camarera, lo que contribuiría a mejorar sustancialmente sus condiciones económicas.
En la etapa de juicio, la fiscal litigante, representante del Ministerio Público, Aida Medrano Gonell, estableció frente a los juzgadores que el procesado, que se encontraba en la ciudad de Medellín, Colombia, realizó todas las diligencias para traer al país a la mujer, asumiendo él mismo los gastos económicos.
En escenarios distintos, explica la litigante, el encartado también hizo contacto con otra de las víctimas, a quien le hace el mismo ofrecimiento laboral, incurriendo en falsas promesas. Desde Medellín, Colombia, el procesado ingresó al país junto a las víctimas el 14 de enero del 2024 por el Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA).
El Ministerio Público explica que, una vez Rodríguez tiene bajo su dominio a las víctimas, quienes se encontraban en un estado de vulnerabilidad e indefensión por su condición de extranjería, e ignorando las verdaderas condiciones laborales, este les advierte que habían contraído una deuda de 4 mil dólares, de los cuales debían pagar 500 dólares cada viernes, y los martes 5 mil pesos, para pago de renta del lugar donde estaban alojadas.
Para saldar la deuda, Rodríguez le dijo que tenían que satisfacer las apetencias sexuales de clientes que él mismo contactó.
Rodríguez intimidaba a las víctimas para que accedieran a prostituirse a cambio del dinero que él mismo administraba y usaba a su antojo.
En su lectura de lo acontecido, la litigante detalla que el procesado había adoptado una actitud de dominio y manipulación contra las mujeres, con insultos, maltrato verbal, golpes e intimidación.
Durante el juicio, también, se aportaron pruebas con las cuales se demostró que el procesado violó a una de las víctimas.
En los hechos que narró el Ministerio Público ante las juezas Deyanira Méndez, Kimberly Tatis e Ingrid Liberato, se plantea que en enero del 2024 un oficial del Ejército dominicano que había recibido la denuncia de un transeúnte, sorprendió al ahora condenado golpeando y sometiendo a la voluntad a las víctimas, en las cercanías de un centro de diversión nocturno en el municipio Puñal, momento desde el cual el hombre fue puesto bajo arresto y, posteriormente, sometido a la justicia.
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lunes, 13 de julio de 2026
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Al mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero, ERD. In memoriam.
¡Referente de Honor!
Por: Martin Orlando Almonte García
El General Manuel Antonio Lachapelle Suero estará por siempre en el sentimiento de quienes supimos valorar su verticalidad moral y al propio tiempo ponderar la vocación con la cual satisfizo en vida La funciones que el país puso en sus manos.
Yo que estuve bajo su mando durante muchos años jamás lo vi alejarse una sola pulgada del cumplimiento de su deber, porque, en efecto, fue firme en su condición de guardia, padre ejemplar y amigo sin dobleces, en razón, insisto, de que era consagración y acierto a la hora de mostrar a los demás el camino correcto del trabajo.
Y para ilustrar con un detalle sencillo la reciedumbre moral de este circunspecto militar, me permito recordar que el General Nival Seijas era un militar Balaguerista que fue puesto en retiro por el presidente Antonio Guzmán Fernández.
En ese momento el General Lachapelle era jefe del Cuerpo de Ayudantes Militares y, tal vez entendido por la suerte de su amigo se cuadró frente al presidente de la República y se permitó comunicarle al Jefe de Estado su amistad personal con Nival Seijas y con la del General Marcos Jorge Moreno.
Aquella muestra de lealtad personal habla muy bien de este hombre sereno y discreto que mostraba compasión con los adictos y era más que duro con los narcotraficantes.
Puedo asegurar que alguna vez el General Lachapelle Suero será ampliamente conocido en términos de su grandeza moral, cuya convicción se levanta por encima de los paradigmas de esta Nación que aprecia la virtud y el honor y bueno es decir en este momento que era sencillamente una especie de honestidad personalizada.
No exagero, porque este servidor lo miró con sus propios ojos: incorruptible, limpio y dispuesto por demás a evitar que la indolencia obstaculizara la justicia que originalmente generara su condición de Director General de la Dirección Nacional de Control de Drogas.
De momento, pienso que el país perdió a un excelente ejemplo de entrega a los institutos castrenses, al tiempo de que la Nación ganó para la historia a un impecable referente de honor ciudadano. ¡Así es!
Por: Homero Luis Lajara Solá
Ese testimonio publicado en 2016 por el abogado Martín Orlando Almonte García corrobora lo que muchos percibimos de cerca sobre la personalidad y la conducta pública del mayor general Manuel Antonio Lachapelle Suero, ERD.
Tuve el honor de servir bajo su mando en la Dirección Nacional de Control de Drogas (2001-2003) y puedo dar fe de su integridad moral a prueba de todo tipo de fuego corrupto, presiones, intrigas o componendas propias de determinadas coyunturas del poder.
Fue un centurión de carácter firme, vertical en sus decisiones y profundamente leal con quienes entendía que actuaban con honestidad y sentido del deber.
Pero más allá de su condición de militar disciplinado y severo cuando las circunstancias lo exigían, admiro y nunca olvidaré la responsabilidad y solidaridad humana que tuvo conmigo en uno de los momentos más incómodo de mi carrera.
Ese pundonoroso hombre de armas, cuya memoria veneraré siempre, cuando fui colocado en retiro el 12 de marzo de 2003, le manifestó al presidente de la República que se estaba cometiendo un error perjudicando a un hombre joven, capaz, responsable, leal y honesto.
En un ambiente donde muchas veces predominan los silencios convenientes, aquella actitud tuvo para mí un enorme valor moral y humano, sobre todo porque le devolvió la paz a mi madre, que tanto sufrió en esos tiempos por las injusticias que vivió, al igual que con mi padre, el vicealmirante Luis Homero Lajara Burgos.
Hay decisiones que el tiempo termina juzgando mejor que la pasión del momento. Seis meses después de haberme colocado en retiro, el presidente rectificó su decisión y me reintegró a las Fuerzas Armadas, al comprobarse que esa injusticia —transitoria— había sido motivada por una intriga que carecía de sustento.
Aquella acción presidencial reivindicó mi honor militar y también reflejó la credibilidad y el peso moral que tenían hombres como el general Lachapelle Suero dentro de las estructuras del Estado y de las instituciones armadas.
Por eso, cuando hoy se leen testimonios como el publicado en esa reseña de 2016 titulada ¡Referente de honor!, no puedo más que corroborarlos plenamente. Porque quienes alguna vez estuvimos bajo su mando, sabemos que su principal rango no estaba en las insignias que llevaba con dignidad sobre sus hombros, sino en la autoridad moral que proyectaba con sus actos y que aún sigue gravitando en toda alma militar digna.
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