Foto cortesía RT
Internacionales.
Hondura todavía sufre laceraciones a su democracia desde el golpe de Estados a Manuel Zelaya
Por Ricardo Rojas
Vicioso.
El golpe de Estado
perpetrado al presidente Manuel Zelaya todavía, sigue dando consecuencias a la
democracia de Honduras.
Los últimos
acontecimientos en las elecciones, tras la derrota del oficialismo por la
oposición, que mediante un fraude, pretende quedarse en el poder, han dejado ya
medios cientos de heridos y más de una docenas de muertos.
Además de una salvaje represión
en las calles, para silenciar las protestas, las manifestaciones y decisión del
pueblo, obligando al gobierno imponer
toque de queda.
A pesar de la salvaje
represión desatada en Honduras, tal parece que la población, no está por permitir otra imposición
constitucional como la que le hicieron con el golpe de Estado, al presidente
Manuel Zelaya, siendo la actual situación consecuencias de ese golpe.
Sin embargo a pesar de
lo difícil de la situación tanto los Estados Unidos, como la OEA, y su
secretario general Almagro mantiene un silencio cómplice.
Ese silencio no es
causa de asombro, ya que el pasado golpe de Estado a Manuel Zelaya, a pesar de
que violaba la Constitución y las leyes, finalmente fue autenticado por los
Estados Unidos y la misma OEA, dejando al presidente legitimo y constitucional fuera
del poder.
Los sucesos en Honduras
dejan una triste y vergonzosa situación regional, y el papel de la OEA convertida en parte, cuando debe ser juez,
siempre apoyando interese particulares, en vez de trabajar por la solución de
los problemas de los Estados, casi siempre se coloca al servicio de los
perversos.
Si los acontecimiento
que suceden en Honduras fueran en Venezuela, no solo la OEA, Almagro, y Estados
Unidos se estuvieron expresando y rechazando con vehemencia.
Además con sus características acusaciones gastadas
de dictador. También la Unión Europea, especialmente España uno de los mayores críticos,
así como la ONU, pero como Honduras no es Venezuela se
hacen los sordos, ciegos y mudos. Y lo que pasa allí, no es fruto de una
dictadura.
La hipocresía internacional
y regional se pone de nuevo de manifiesto, y obliga a pensar en un nuevo orden
con otros actores menos comprometidos con intereses particulares, y más comprometidos con las bases de sustentación
de la democracia, y el servicio a los mejores interés de los pueblos.
Hay una crisis en el
liderazgo de los organismos internacionales, y regionales donde todos están o
casi todos comprometidos con las ideas y deseos de los Estados Unidos, sin
importar las consecuencias que resulte para la región o una nación en particular,
todos les caen encima como perros que obedecen la orden de su amo.
Esperemos que esa
situación pueda resolverse por la vía institucional, y que el oficialismo acate
su derrota, y el rechazado del pueblo, que al final es quien tiene la última
palabra, y buscará por la forma que sea el respeto a su decisión y elección democrática.
Tanto la ONU, y la OEA,
así como sus directores, si no sirven para ayudar a los pueblos que dejen de
estorbar, ya que la gente se está cansando de tantas injerencias, como si fuera
colonias, son países con su
independencia, leyes y constitución que
norman sus acciones.
Estos acontecimientos,
y el papel de la OEA y la ONU, me hacen pensar y preguntar para que sirvan, que
perdería el mundo si se desintegrarán, o mejor dicho creo que ganaríamos.

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