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lunes, 6 de abril de 2026
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Estrategia militar del siglo XXI
Estrategia militar del siglo XXI
Por
Homero Luis Lajara Solá
Un análisis sin sesgo de la estrategia militar del siglo XXI en escenarios como el que involucra a Estados Unidos, Irán y Israel queda incompleto si no se incorpora el factor decisivo de la economía global. Hoy, la guerra no solo se mide en capacidades militares, sino en impacto sobre mercados, energía y estabilidad financiera internacional.
Irán ocupa una posición geoestratégica crítica: controla, junto a otros actores regionales, el entorno del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del petróleo mundial. Cualquier escalada que amenace ese flujo afecta inmediatamente los precios de la energía, la inflación global y las cadenas de suministro. Esto introduce un elemento de contención: las grandes potencias no solo calculan la respuesta militar del adversario, sino también el costo económico sistémico.
Desde esta perspectiva, anunciar o modular acciones militares responde también a una lógica económica. No es únicamente una señal al enemigo, sino al mercado global. Se busca evitar pánicos financieros, estabilizar expectativas y demostrar control de la situación. La estrategia, por tanto, se mueve en un delicado equilibrio entre firmeza y previsibilidad.
Carl von Clausewitz entendía la guerra como continuación de la política; en el siglo XXI habría que añadir que es también continuación de la economía por otros medios. Las sanciones, bloqueos financieros y restricciones comerciales son hoy armas tan relevantes como los misiles. En el caso iraní, décadas de sanciones han generado una economía adaptada a la presión externa, lo que reduce —aunque no elimina— la efectividad de estas herramientas.
Al mismo tiempo, Sun Tzu sigue vigente: la mejor victoria es la que no desestabiliza el propio sistema que se pretende proteger. Una guerra que dispare los precios del petróleo o provoque una crisis financiera global puede convertirse en una derrota estratégica, incluso para quien gane en el terreno militar.
En lenguaje naval: ya no basta con dominar la mar; hay que garantizar que las rutas comerciales sigan abiertas y que el sistema no naufrague con la propia maniobra. En ese tablero, la economía mundial actúa como límite, pero también como arma silenciosa que condiciona cada decisión estratégica.
domingo, 5 de abril de 2026
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sábado, 4 de abril de 2026
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viernes, 3 de abril de 2026
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jueves, 2 de abril de 2026
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La semana mayor
La semana mayor
Por
Homero Luis Lajara Solá
La Semana Santa no nació como vacaciones ni como excusa para escapar a la playa. Su origen es mucho más sobrio, incluso incómodo para el espíritu moderno.
Surge de la memoria de los últimos días de Jesucristo: una entrada humilde, una cena de despedida, una traición, un juicio injusto y una muerte pública. Los primeros cristianos no celebraban; recordaban. Ayunaban, guardaban silencio, meditaban. Era un tiempo para mirarse por dentro, no para distraerse por fuera.
Con el paso de los siglos, la Iglesia organizó esos recuerdos en ritos, procesiones y símbolos. La tradición creció, se volvió visible, incluso hermosa. Llegó a América con los españoles y aquí echó raíces propias. Pero toda tradición corre el riesgo de vaciarse cuando se repite sin conciencia. Y eso, en buena medida, es lo que ha ocurrido.
Hoy, para muchos jóvenes y no tan jóvenes, la Semana Santa es sinónimo de carretera, música alta y playa. No hay nada de malo en descansar, pero algo se pierde cuando el ruido sustituye completamente al significado. Se olvida que esta semana habla de sacrificio, de injusticia, de lealtad y también de esperanza. No es una historia vieja: es un espejo bastante actual.
Tal vez no se trata de volver al pasado ni de imponer solemnidades. Se trata, más bien, de rescatar el sentido. Entender que detrás de los días libres hay una historia que ha marcado a millones de personas durante siglos. Y que, aun en medio del mundo acelerado de hoy, detenerse un momento —aunque sea breve— puede decir más que cualquier fiesta.
Porque al final, lo importante no es cómo se vive la Semana Santa hacia afuera, sino lo que deja por dentro.
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