jueves, 29 de octubre de 2026

La lealtad después del servicio





El Leño Pinto Digital



La lealtad después del servicio

 


Por 

 

Homero Luis Lajara Solá

 

 

Lo que antes se desahogaba en el balcón de una vivienda o en una conversación de colmado hoy circula en las redes y alcanza a miles de personas. Ese alcance exige mayor prudencia cuando están en juego las Fuerzas Armadas dominicanas y la confianza en sus mandos.

 

La vida militar deja heridas. Hubo oficiales muy preparados que salieron injustamente; otros fueron separados por comportamientos inadecuados. No todos alcanzaron las posiciones que merecían y algunos de los mejores se han quedado en el camino. Reconocerlo obliga a examinar cada caso con justicia, sin convertir toda separación en deshonra ni todo ascenso en prueba de superioridad.

 

La crítica fundada puede corregir errores. El resentimiento comienza a hacer daño cuando utiliza un agravio personal para desacreditar indiscriminadamente a las instituciones castrenses. Una denuncia se sostiene con hechos; la insinuación repetida termina castigando también a quienes cumplen su deber.

 

Séneca, en Sobre la ira, describe cómo esa pasión vuelve al ser humano incapaz de escuchar la razón y discernir lo justo. La advertencia cobra actualidad ante la facilidad de publicar en caliente y dejar una ofensa circulando mucho después de haberse apagado el enojo.

 

Shakespeare llevó ese conflicto al extremo en Coriolano: el militar desterrado se une a los enemigos de Roma para combatir la ciudad que había defendido. La tragedia invita a preguntarse qué ocurre cuando la herida del orgullo termina pesando más que el vínculo con la patria.

 

La reflexión alcanza igualmente a quienes permanecen activos. Cuando la ambición de un relevo personal alienta rumores o humillaciones contra el mando superior, el prestigio institucional se convierte en instrumento de una aspiración privada. Quien espera dirigir debería comenzar por respetar aquello que aspira a representar.

 

Cervantes dejó una orientación precisa en los consejos de don Quijote a Sancho: «No te ciegue la pasión propia en la causa ajena». La lección compromete también a los superiores: escuchar, actuar con equidad y reconocer el mérito ayudan a preservar la autoridad.

 

Las Fuerzas Armadas, valladar de la defensa y la paz de la República Dominicana, necesitan una reputación respaldada por la conducta de sus integrantes. Sus símbolos representan una continuidad que sobrevive a cada nombramiento.

 

Después del retiro o de la cancelación del nombramiento se adquiere la libertad de opinar y se es responsable por lo que se afirma. Para sentirse ofendido por una afrenta a la institución no hace falta estar activo. Hace falta amarla por siempre.

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