La batalla de Beller
Por
Homero Luis Lajara Solá
El 27 de octubre de 1845, las tropas dominicanas atacaron el fuerte haitiano de Beller, cerca de Dajabón. Hacía poco más de un mes que habían vencido en La Estrelleta. En esa nueva instancia les correspondía desalojar otra posición, conocida como El Invencible. La joven República tenía que defender sobre el terreno la independencia proclamada el año anterior.
El general Francisco Antonio Salcedo organizó el ejército en tres columnas. A la derecha iba Pedro Eugenio Pelletier; a la izquierda, José Silva y Andrés Tolentino. Salcedo marchaba por el centro junto a las fuerzas del batallón de Dajabón, comandado por el teniente coronel Marcelo Carrasco. La artillería apoyaría el avance y la caballería protegería los flancos.
Había llovido durante la noche. El suelo estaba fangoso y tanto los cañones como los caballos avanzaban con dificultad. Un problema explica la relación del combate: los proyectiles perdían eficacia al caer en el barro, porque no rebotaban sobre un terreno firme. Las condiciones obligaban a pelear con limitaciones que ninguna orden podía hacer desaparecer.
Hacia las siete de la mañana, una unidad haitiana descubrió a los dominicanos y disparó tres cañonazos para alertar a los defensores. Salcedo ordenó marchar. Desde el fuerte, la artillería y la fusilería castigaban a quienes se acercaban. Los soldados debían contener el deseo de lanzarse antes de recibir la orden. Había valor, pero era necesario conservar la formación bajo el fuego.
Cuando comenzó el asalto, la resistencia fue fuerte. Carrasco cayó al pie de la fortificación. La columna central consiguió abrir una brecha y los dominicanos entraron. Dentro del recinto, la lucha se resolvió cuerpo a cuerpo.
El propio Salcedo quiso adelantarse con la vanguardia y tuvo que ser reconvenido. Ese detalle permite verlo en medio del combate, expuesto al mismo ardor que animaba a sus hombres. El mando también exige aceptar una advertencia cuando el impulso personal puede comprometer la difícil conducción de las tropas.
Tomada la posición, algunos querían seguir adelante. Salcedo decidió regresar al cantón general sin pasar a Juana Méndez. En su parte explicó que no quería comprometer a su tropa y que la hora ya no era oportuna. Había que detener a soldados que acababan de vencer y se sentían capaces de continuar.
La batalla de Beller cerró aquella campaña con una victoria dominicana. En la misma se destacó la flotilla dominicana estableciendo un bloqueo naval de la costa norte de Haití, apoyando al Ejército dominicano.


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