miércoles, 9 de septiembre de 2026

La verdadera medida de una flota





El Leño Pinto Digital


La verdadera medida de una flota

 




 

Por: Homero Luis Lajara Solá

 

 

El poder naval suele medirse contando buques de superficie, submarinos y portaaviones. Es una manera sencilla de presentar estadísticas, pero no necesariamente refleja la realidad. Un buque detenido en puerto por falta de mantenimiento, repuestos o tripulación aparece en el inventario, aunque para fines operacionales prácticamente no existe.

 

La prestigiosa economista norteamericana y de gran experiencia internacional, Anne O. Krueger, en su artículo El desastre naval de Estados Unidos, señala que la disponibilidad de la flota estadounidense ronda el 68 % —por debajo de la meta del 80 % establecida por la propia Armada—. También menciona retrasos acumulados durante años en los programas de reparación. Ahí está el problema de fondo: no basta con tener una flota numerosa; hay que poder hacerla a la mar cuando sea necesario.

 

La lista operativa depende del estado material de las unidades, pero también del entrenamiento de las dotaciones, el combustible, las municiones, las comunicaciones y el apoyo logístico. Basta que uno de esos elementos caiga para que una plataforma, por moderna que sea, pierda efectividad.

 

El costo agrava la situación. Según Krueger, construir un buque en Estados Unidos puede resultar entre tres y cinco veces más caro que hacerlo en un astillero extranjero. La protección concedida durante décadas a la industria nacional, especialmente mediante la Ley Jones de 1920, terminó reduciendo la competencia y elevando los precios. Los aranceles sobre piezas y componentes importados añaden otra carga.

 

Aumentar el presupuesto no corregir por sí solo esas deficiencias. Si los procesos de adquisición son lentos, el mantenimiento se posterga y cada unidad cuesta varias veces su valor internacional, habrá más gasto, pero no necesariamente mayor poder naval. La eficiencia consiste en emplear bien los recursos; la efectividad, en cumplir la misión. Ambas deben navegar juntas.

 

La propuesta de comprar buques y componentes a países aliados puede generar reservas por razones de soberanía, según la doctrina norteamericana. Sin embargo, no se trata de abandonar la industria nacional, sino de conservar las capacidades estratégicas indispensables y recurrir a la cooperación cuando resulte más conveniente. La autonomía tampoco consiste en fabricar todo a cualquier precio.

 

La lección sirve para cualquier Armada, grande o pequeña. Los países con recursos limitados no pueden darse el lujo de adquirir unidades de prestigio que después permanecerán amarradas por falta de presupuesto. Es preferible un patrullero modesto, bien mantenido y permanentemente disponible, que un buque impresionante convertido en pieza de muelle.

 

Al final, el verdadero poder naval no se demuestra durante la ceremonia de botadura, sino en la cantidad de días que una unidad permanece operando en el mar.



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