jueves, 24 de septiembre de 2026

El rumbo que nadie quiso corregir




El Leño Pinto Digital

El rumbo que nadie quiso corregir

 



Por 

 

Homero Luis Lajara Solá 

 

 

Inspirado en Admiral Yamamotode Ronald Drabkinpublicado por Tuttle Publishing.

 

 

El almirante Yamamoto sabía que Japón navegaba hacia un desastre. No lo suponía: había vivido en Estados Unidos, estudiado en Harvard y conocido de cerca sus fábricas, sus campos petrolíferos y sus astilleros. Entendía que podía asestársele un golpe sorpresivo, pero no derrotarlo en una guerra prolongada.

 

En Tokio nadie quería escuchar un parte tan incómodo. La historia reservó una ironía para aquel marino: al hombre que dudaba del rumbo le correspondió trazar el ataque a Pearl Harbor. El 7 de diciembre de 1941 ardieron los acorazados, pero los portaaviones estadounidenses no estaban allí. Tampoco fueron destruidos los depósitos de combustible ni los talleres navales. Japón ganó el domingo; desde el lunes comenzó a imponerse la capacidad industrial norteamericana.  

 

¿Qué puede aprender nuestros militares de eso? Que un comandante del nivel superior no está llamado a ser eco de los entusiasmos políticos. La subordinación al poder civil no exige renunciar al criterio profesional. Antes de dar avante, tiene el deber de decir cómo está la mar, cuánto combustible queda y si la máquina podrá sostener la velocidad ordenada. Después vendrá la disciplinacumplir la orden o pedir el retiro; antes debe hablar la experiencia.

 

También queda claro que el poder naval no se mide por la cantidad de buques amarrados al muelle. En listeza operacional cuentan las unidades que realmente navegan, las dotaciones adiestradas, los repuestos, la inteligencia, los radares, los drones y la seguridad de las comunicaciones. Un guardacostas modesto que patrulla vale más que una gran silueta condenada a servir de paisaje.

 

La República Dominicana, aunque a veces lo olvide, es una nación insular. Por sus puertos entra gran parte de lo que consume; en sus costas descansa la defensa nacional, el turismo, y por sus aguas también se mueven amenazas que no solicitan permiso. La defensa no debe convertirse en un banquete presupuestario, pero tampoco puede vivir de las migajas. La salud y la educación son urgentes; proteger el Estado que las hace posibles también lo es.

 

El almirante Yamamoto murió en 1943, según los relatos históricos, porque la inteligencia estadounidense descifró su itinerario y lo esperó en el aire. Aquella última travesía habla directamente al presente: un mensaje mal protegido puede hundir lo que no alcanzaron los cañones.

 

Su vida no enseña cómo iniciar una guerra. Enseña algo máútil: la audacia no reemplaza la capacidad, ni el silencio debe confundirse con lealtad. El mar castiga los errores de cálculo; la historia, además, los recuerda.

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