miércoles, 30 de septiembre de 2026

Después del relevo




El Leño Pinto Digital

Después del relevo

 



Por : Homero Luis Lajara Solá 


“A los uniformados de ayer y de hoy que han sabido portar con dignidad y honor el uniforme de la patria; a quienes sirvieron sin estridencias, no pasaron factura y entendieron que el deber cumplido era su mayor recompensa”.

 

Un joven cruza la compuerta del cuartel y se ciñe el uniforme con la solemnidad y el rigor que dicha acción impone. Décadas después, sale con canas, arrugas y la memoria poblada de madrugadas. Entre una cubierta y otra dejó buena parte de su vida. A él está dedicado el 30 de septiembre, Día del Veterano en la República Dominicana.

 

Quienes hemos vivido la rutina castrense conocemos sacrificios que rara vez quedan consignados en una hoja de servicio: montar guardia mientras el puerto reposa en la quietud de la noche; pasar la Navidad lejos de la familia; recibir un nuevo destino cuando apenas comenzábamos a echar raíces. La carrera de las armas exige mucho más que portar insignias.

 

Quienes vestimos el uniforme patrullamos por tierra, mar y aire. Unos recorriendo la frontera o prestando servicio en destacamentos y puestos apartados. Otros navegando nuestras costas, vigilando el espacio aéreo o acudiendo en auxilio de la población durante huracanes, incendios e inundaciones.

 

Algunos jamás escucharon un disparo en operaciones del servicio. Eso no disminuye lo entregado. También se sirve permaneciendo alerta durante una noche interminable, soportando el rigor del sol o embarcando cuando el mal tiempo aconsejaba buscar refugio. Mientras el país continuaba su marcha, alguien cumplía su turno.

 

Después llega el retiro. Cesan las órdenes, se entrega el mando y se dice adiós a las armas, nunca al compromiso eterno en la única latitud del globo terráqueo donde nunca seremos extranjeros. Sin dudas, la disciplina y los recuerdos  no desaparecen con el último saludo. El relevo concluye una etapa; no borra los años ofrecidos.

 

La gratitud nacional tampoco puede reducirse a una ceremonia. El veterano merece una pensión digna, atención médica oportuna y trato respetuoso. La experiencia forma parte de la memoria de nuestras Fuerzas Armadas y debe transmitirse a quienes comienzan el camino.

 

A la nación no se le pasa factura. Precisamente por eso, el reconocimiento no debería depender de un reclamo. Una nación agradecida recuerda por voluntad propia. 

 

Este 30 de septiembre pienso en el centinela anónimo que veló bajo el frío y el calor, mientras la esperanza de un futuro mejor dormía el sueño de sus aguas. Su nombre no figura en los libros ni pidió aplausos. Cumplió. En esa palabra cabe la vida del veterano dominicano: deber, sacrificio y amor a la patria.


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