¿Más gasto militar?
Por
Homero Luis Lajara Solá
La afirmación de Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política del Pentágono, de que resulta “absurdo” que algunos países latinoamericanos destinen menos del 1 % de su PIB a la defensa, no debe interpretarse como una simple presión de Washington.
Detrás de esa frase hay una realidad que América Latina lleva años enfrentando: el crimen organizado ya no conoce fronteras y dispone de recursos que, en ocasiones, superan a los de muchos Estados.
Ahora bien, aumentar el presupuesto de Defensa no debe convertirse en una carrera por comprar equipos para exhibirlos en los desfiles. Ese sería el camino más fácil… y también el más equivocado.
La primera inversión debe hacerse donde se incremente la listeza operacional: el entrenamiento del personal, el mantenimiento de los medios existentes, la inteligencia, la ciberseguridad, la vigilancia de fronteras y la protección de los espacios marítimos y aéreos.
Un radar funcionando vale más que uno moderno fuera de servicio por falta de mantenimiento. Un buque disponible aporta más que dos anclados esperando repuestos.
Los recursos públicos son limitados. Por eso, cada adquisición debe responder a una prioridad estratégica y no a la improvisación, al interés comercial o a la búsqueda de titulares. La defensa nacional no admite caprichos; exige planificación.
Pero hay otro aspecto igual de importante: la confianza ciudadana. La sociedad apoya un mayor presupuesto cuando ve resultados y transparencia. Cuando compruebaque las fronteras terrestres y marítimas están mejor protegidas, que los equipos operan y que cada peso invertido puede ser explicado sin reservas.
La seguridad nacional tiene un costo. Eso nadie lo discute. Lo que sí debe discutirse es la calidad del gasto. Un país no se fortalece porque gaste más en defensa; se fortalece cuando invierte con criterio, administra con honestidad y obtiene resultados. Ahí está la diferencia entre un presupuesto y una verdadera política de Estado.


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