El comandante que no perdió a ninguno
Por
Homero Luis Lajara Solá
En 1914, cuando Europa acababa de entrar en la Primera Guerra Mundial, un explorador británico llamado Ernest Shackleton salió rumbo a la Antártida. Su sueño era cruzar ese continente helado de un extremo al otro, algo que nadie había logrado.
Nunca pudo hacerlo.
Su barco, el Endurance, quedó atrapado entre enormes bloques de hielo. La presión fue aumentando durante meses hasta partir la embarcación como si hubiera sido de cartón. De un día para otro, 28 hombres quedaron sin barco, sin radio, sin posibilidad de pedir ayuda y en uno de los lugares más fríos e inhóspitos del planeta.
La misión cambió a partir de ese momento.
Ya no se trataba de conquistar la Antártida. Se requería que regresaran vivos.
Cualquier comandante puede dirigir cuando sobran los recursos. El verdadero examen llega cuando desaparecen las comodidades, las noticias son malas y el futuro no ofrece ninguna garantía. Allí fue donde apareció el verdadero Shackleton.
Nunca prometió milagros. Jamás ocultó la gravedad de la situación. Pero tampoco permitió que el pesimismo se instalara en el campamento. Mantuvo a sus hombres ocupados, repartió el trabajo, evitó discusiones inútiles y, sobre todo, hizo que ninguno sintiera que había sido abandonado.
Cuando comprendió que esperar significaba morir lentamente, tomó una decisión que muchos califican todavía como una de las navegaciones más audaces de la historia. Cruzó un mar famoso por sus olas gigantes en una pequeña embarcación abierta hasta llegar a la isla Georgia del Sur. Desde allí organizó el rescate.
Pasaron casi dos años desde que el hielo había destruido el barco. Los 28 regresaron con vida.
Eso explica por qué más de un siglo después seguimos hablando de Shackleton. No porque alcanzó su objetivo. De hecho, fracasó en la expedición que había planificado. Lo que hizo, fue mucho más importante: no perdió a un solo tripulante.
En tiempos donde abundan dirigentes obsesionados con las estadísticas, las cámaras y las redes sociales, vale la pena recordar que el liderazgo no siempre consiste en llegar primero. Muchas veces consiste en regresar con todos.
Esa diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la historia.


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