jueves, 27 de agosto de 2026

Artillería y blindados



El Leño Pinto Digital


Artillería y blindados




 

Por

 

Homero Luis Lajara Solá 

 

 

En los ejercicios militares se aprende muy temprano que no basta con disponer de buenos cañones o tanques poderosos. Lo decisivo es saber para qué sirve cada arma, cuándo emplearla y, sobre todo, cómo hacer que actúen juntas.

 

La artillería es el puño que golpea desde lejos. Antes de que las tropas inicien el avance, sus obuses y cohetes castigan las posiciones enemigas, desorganizan sus comunicaciones, destruyen depósitos y dificultan la llegada de refuerzos. Sus servidores casi nunca ven el objetivo. Disparan sobre coordenadas que reciben de observadores adelantados, radares o, como ocurre hoy, de drones.

 

El blindado tiene otra misión. El tanque no fue concebido para permanecer detrás de las líneas, sino para avanzar. Su combinación de protección, movilidad y poder de fuego le permite abrir una brecha, penetrar en el dispositivo enemigo y llevar el combate hacia su retaguardia. La artillería ablanda la posición; el blindado aprovecha el daño causado y entra por la abertura.

 

Pero aquí aparece una enseñanza que la historia militar ha repetido con sangre: ninguna de las dos armas debe actuar por su cuenta. La artillería sin tropas que avancen puede causar enormes daños, pero no ocupa un metro de terreno. Y los tanques, lanzados sin infantería, ingenieros ni cobertura aérea, pueden terminar aislados, inmovilizados por una mina o destruidos en una emboscada.

 

La diferencia se aprecia mejor en una operación anfibia. Antes del desembarco, la artillería naval castiga las defensas de la costa. Luego la infantería llega a la playa, combate y asegura una franja inicial. Esa zona conquistada se convierte en cabeza de playa solamente cuando permite desembarcar más hombres, municiones, combustible, vehículos y blindados. 

 

Los tanques ayudan entonces a ampliar el perímetro y a romper hacia el interior. Si la cabeza de playa no se sostiene, la fuerza desembarcada puede quedar atrapada entre el enemigo y el mar.

 

El Estado Mayor debe ordenar esa secuencia. Calcula los fuegos, señala los objetivos, coordina el desembarco, garantiza el abastecimiento y determina el momento en que los blindados deben entrar en acción. Un error de horas, y a veces de minutos, puede dejar a la infantería sin apoyo o hacer que la artillería dispare sobre un terreno que ya ocupan fuerzas propias.

 

La diferencia, por tanto, no está solamente en que una dispara desde lejos y la otra avanza protegida. La diferencia está en la misión: la artillería prepara y apoya; los blindados irrumpen y explotan el éxito. El arte de la guerra comienza cuando ambas dejan de actuar como armas separadas y forman parte de una sola maniobra.

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