Sin gigantes no hay héroes
Por
Homero Luis Lajara Solá
Hay una verdad antigua: nadie se eleva solo. Los héroes casi siempre nacen mirando hacia arriba. Detrás de cada hombre o mujer que deja huella, hubo antes una figura mayor que inspiró, enseñó o abrió camino. Por eso puede decirse que sin gigantes no hay héroes.
Los gigantes no son mitos inalcanzables. Son seres humanos que pensaron en grande y vivieron con propósito. Lo fueron Sócrates en la filosofía, Cervantes en la lengua, Duarte en la patria, y tantos otros que enseñaron que la verdadera grandeza no está en dominar, sino en servir.
La historia demuestra que los pueblos crecen cuando reconocen referentes. Alejandro admiró a Aquiles; los navegantes de todos los tiempos siguieron estrellas y cartas trazadas por otros. También en la vida ocurre así: nadie llega lejos sin ejemplos.
Pero hay algo más profundo. La grandeza no consiste solo en admirar gigantes, sino en atreverse a crecer a partir de ellos. Un maestro que forma con ética, un oficial que honra su uniforme y un ciudadano que cumple su deber con dignidad también levantan estatura moral. Asimismo, se vuelven referencia.
Hoy se habla mucho de crisis y decadencia. Se olvida que las naciones no se levantan desde el cinismo, sino desde aspiraciones altas. Un país progresa cuando sus jóvenes quieren parecerse a sus mejores hombres y mujeres, no a sus peores ejemplos.
Toda sociedad necesita gigantes porque ellos elevan el horizonte. Nos recuerdan que la mediocridad no es destino.
Quizás la pregunta no sea dónde están los gigantes, sino si estamos dispuestos a reconocerlos y aprender de ellos.
Porque cuando una generación pierde el sentido de grandeza, pierde el rumbo.
Y cuando una generación vuelve a mirar a lo alto, comienzan nuevamente las grandes singladuras de la historia.


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