jueves, 16 de abril de 2026

Uniformes y redes sociales





El Leño Pinto Digital


Uniformes y redes sociales

 


Por 

 

Homero Luis Lajara Solá 

 

 

 

La exposición innecesaria de uniformados en redes sociales especialmente cuando se abordan temas deliberantes o se proyecta una imagen ajena al ethos militar— no es un asunto menor ni una simple cuestión de estilo. Es, en esencia, un problema de disciplina institucional y de comprensión del papel histórico del militar en la sociedad.

 

La historia universal ofrece lecciones claras. Desde las legiones del Imperio romano hasta las academias prusianas del siglo XIX, el prestigio del uniforme descansó siempre en la sobriedad, la reserva y el cumplimiento estricto del deber. 

 

El soldado romano no era reconocido por su presencia pública opinante, sino por su disciplina en formación y su obediencia al mando. En Prusia, la profesionalización militar se construyó sobre la idea de que el uniforme no es un adorno ni un instrumento de protagonismo personal, sino una investidura que limita conductas y eleva responsabilidades.

 

En tiempos más recientes, figuras como los generales norteamericanos Dwight D. Eisenhower o George C.Marshall entendieron que la autoridad moral del militar se fortalece en la prudencia pública. Aun en escenarios de enorme poder e influencia, evitaron el protagonismo innecesario y mantuvieron una línea clara entre lo militar y lo político.

 

La modernidad, por tanto, no puede interpretarse como una pasarela. Las redes sociales han abierto un espacio que muchas instituciones no estaban preparadas para regular ni comprender en su verdadero alcance. Pero el hecho de que exista ese medio digital no significa que todo deba ser ocupado. El uniformado no es un influencer: su marca” no es su imagen, sino su conducta.

 

Cuando se utiliza incorrectamente el uniforme, se opina de forma deliberante o se proyectan intereses personales desde la investidura, se erosiona la confianza institucional. Y esa confianza como bien enseña la historia— es el activo más valioso de cualquier fuerza armada. Se pierde lentamente, pero se recupera con enorme dificultad.

 

Por eso, más que censura, lo que se impone es supervisión, formación y doctrina. Las instituciones deben asumir que el entorno digital es ya un teatro más de operaciones, donde también se libra una batalla por la credibilidad y el respeto. No haber estado preparados para ello no puede seguir siendo excusa.

 

Con respeto, pero con firmeza: el uniforme no es para exhibirse, es para representarse con dignidad. Y la mejor propaganda de un militar no está en lo que publica, sino en la estela de servicio, disciplina y honor que deja tras de sí.


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