El carácter
Por : Homero Luis Lajara Solá
La frase “el Ejército merece líderes con carácter”, atribuida al general Randy A. George en su mensaje de despedida, no surge en el vacío ni responde a una construcción teórica abstracta. Se inscribe en un contexto concreto: su salida del cargo bajo presión política, en medio de tensiones con el secretario de Guerra Pete Hegseth. Ese trasfondo es el que le da peso doctrinal a una expresión que, en apariencia, es sobria y clásica.
George no es un oficial improvisado. Con casi cuatro décadas de servicio, su trayectoria representa el tipo de liderazgo institucional que valora la continuidad, la disciplina profesional y la cohesión interna. Su “renuncia” no se produjo en el campo de batalla ni por fallas operativas evidentes, sino —según interpretaciones de expertos — por diferencias en visión, estilo de conducción y manejo de la institución en un entorno altamente politizado.
Es precisamente ahí donde la frase adquiere dimensión. No es un ataque frontal ni una denuncia abierta porque el lenguaje militar no funciona así. Es, más bien, una afirmación de principios en un momento de ruptura. En la tradición de Carl von Clausewitz, “el carácter” es lo que permite sostener decisiones en medio de la fricción; en la de Alfred Thayer Mahan, es lo que garantiza coherencia entre poder y conducción.
Cuando el más alto militar del ejército es removido en circunstancias que no son plenamente transparentes para la institución, el mensaje final cobra un valor simbólico. George no podía —ni debía— polemizar. Pero sí podía dejar una línea de referencia: recordar que el liderazgo no es solo jerarquía ni nombramiento político, sino una cualidad que se demuestra bajo presión.
Así, más que una frase aislada, lo que queda es una advertencia sobria: las instituciones militares pueden resistir cambios, pero no pueden sostenerse si el carácter deja de ser el eje de su conducción.


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