El Leño Pinto Digital
Por: Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan.
En política hay decisiones que revelan grandeza de visión y otras que evidencian una preocupante miopía. La reciente decisión del Congreso Nacional de eliminar y bloquear las candidaturas independientes en la República Dominicana, entra sin lugar a dudas en segunda categoría, que nos sitúa como un país retrasado y desfasado en pleno siglo 21.
Se trata de un error político de grandes proporciones que, lejos de fortalecer el sistema democrático, lo debilita, lo encierra y lo aleja aún más de una ciudadanía que cada día muestra mayor cansancio frente a la política tradicional.
Las candidaturas independientes no son una amenaza para la democracia. Por el contrario, pueden convertirse en una herramienta de oxigenación del sistema político dominicano, una válvula de escape para esta sociedad que reclama nuevas caras, ideas y formas de hacer política.
Hoy existe una generación completa de dominicanos jóvenes, profesionales, emprendedores y líderes comunitarios que desean participar en la vida pública, pero no se sienten representados por las estructuras tradicionales de los partidos políticos. No porque carezcan de vocación política, sino porque perciben organizaciones cerradas, dominadas por grupos internos que muchas veces bloquean la renovación y la entrada de nuevos liderazgos.
En lugar de entender esa realidad y adaptarse a los nuevos tiempos, el Congreso ha optado por cerrar la puerta, lo que refleja una verdadera miopía política. Las candidaturas independientes no debían ser eliminadas, necesitaban ser reguladas. El Congreso tenía todas las herramientas para establecer reglas claras: requisitos de participación, límites, controles de financiamiento y mecanismos de supervisión electoral que garantizaran un proceso transparente y ordenado.
Pero en lugar de regularlas, decidieron bloquearlas. Y cuando el sistema político se protege a sí mismo en lugar de abrir espacios a la sociedad, lo que termina provocando es más desconfianza y distanciamiento entre la ciudadanía y la clase política dominicana.
No se puede ignorar que el sistema de partidos dominicano atraviesa uno de sus momentos más complejos. La desconfianza pública en sus líderes, los escándalos de corrupción y narcotráfico, el clientelismo y la falta de renovación han golpeado la credibilidad de muchas organizaciones partidarias. En ese contexto, impedir las candidaturas independientes no fortalece a los partidos; lo que hace es confirmar la percepción de que el sistema político está cerrado y controlado por los mismos de siempre.
Las democracias modernas del mundo han entendido que abrir espacios de participación fortalece las instituciones. Permitir candidaturas independientes no significa destruir los partidos, sino obligarlos a mejorar, competir y conectarse nuevamente con la ciudadanía. La política dominicana necesita aire fresco, renovación y recuperar la confianza de la gente. Cerrar las candidaturas independientes es exactamente lo contrario: es cerrarle la puerta a la esperanza de muchos dominicanos que quieren participar sin someterse a las estructuras tradicionales.
Todavía estamos a tiempo de corregir este error. La democracia dominicana no se fortalece cerrando oportunidades, sino ampliándolas. Porque cuando la política se convierte en un club cerrado, la democracia deja de crecer.
Y cuando la ciudadanía siente que no tiene espacio, el sistema comienza a perder legitimidad.
La democracia dominicana necesita más participación, no menos. Necesita más apertura, no más barreras ni obstáculos. Y sobre todo, necesita menos miopía política y más visión de futuro.


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