Modernizar el acero, reafirmar el espíritu
Por
Homero Luis Lajara Solá
El Día de las Fuerzas Armadas no es una fecha protocolar más en el calendario. Es una jornada de memoria, identidad y compromiso. En un día como este conviene recordar que el poder militar descansa, sobre todo, en la cultura institucional que le da sentido.
Las Fuerzas Armadas viven hoy un proceso necesario de actualización material. En el ámbito naval, la modernización de unidades y capacidades responde a una realidad estratégica innegable: la defensa marítima exige medios acordes a los desafíos contemporáneos. Sin embargo, la historia universal enseña que ninguna fuerza armada ha logrado consolidarse únicamente a partir de la tecnología.
Después de Trafalgar, la Royal Navy no solo perfeccionó su poder marítimo; consolidó un código de honor y respeto al grado que garantizaba la cohesión interna.
Tras la derrota prusiana en Jena (1806), las reformas militares comenzaron por la educación del cuerpo de oficiales antes que por la adquisición de nuevas armas.
Japón, en la era Meiji, entendió que el éxito de su modernización naval dependía tanto de la disciplina ética como de los acorazados adquiridos en Europa.
La lección es clara: el ceremonial, el saludo, la precedencia y el respeto a los símbolos no son formalidades vacías. Son expresiones visibles de una estructura invisible: la jerarquía, la memoria y la continuidad institucional. Cuando un oficial saluda el grado, no rinde homenaje a una persona, sino a la institución que la misma representa.
En el Día de las Fuerzas Armadas, esa reflexión adquiere mayor relevancia. Modernizar la flota es indispensable para la soberanía y la seguridad nacional. Pero modernizar debe significar también fortalecer la formación histórica, reafirmar la cortesía militar y preservar las tradiciones que distinguen a una institución profesional.
Las Fuerzas Armadas no se sostienen solo por la disciplina operativa, sino por la conciencia de pertenecer a una cadena histórica que trasciende generaciones. Los símbolos —uniforme, bandera, saludo— constituyen el puente entre el pasado y el futuro.
Celebrar este día implica reconocer los avances materiales alcanzados, pero también renovar el compromiso con la ética militar y el respeto al grado. El acero garantiza presencia en el mar; la tradición garantiza legitimidad en la conciencia institucional.
Si ambas dimensiones avanzan juntas, la modernización será completa. Si una se descuida, el equilibrio se resentirá. La fortaleza de una institución no se mide solo por lo que exhibe, sino por la dignidad con que honra su historia y preserva sus símbolos. ⚓


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