La lógica del mando real
Por
Homero Luis Lajara Solá
Desde el primer momento en que te sientas en esa “silla”comienzas a entender el accionar de aquellos antecesores a los que criticabas, pues comprendes —dolorosamente— que el entorno no es neutro: se trata de un “lago” plagado de depredadores, intereses evidentes y ocultos, egos desmedidos, ambiciones perversas y silencios cómplices.
No todos quieren lo mismo que tú y, lamentablemente, no todos juegan limpio.
La metáfora es cruda, pero real: si no eres capaz de leer el agua, te hundirás; si no conoces a quiénes tienes alrededor, te cercarán; y si no estableces el control, otros lo harán por ti.
No se trata de “comerse” a nadie en sentido literal, sino de comprender que el liderazgo exige criterio, firmeza y capacidad de anticipación.
El que llega al poder siendo ingenuo y creyendo que todo es institucionalidad inmaculada en un ámbito en el que predomina la buena fe, durará poco.
El que llega a esa posición con actitud paranoica y agresiva, también caerá estrepitosamente.
El equilibrio de ocupar esa posición está en navegar:
— reconociendo los cocodrilos sin volverse uno de ellos;
— marcando el territorio sin hacer espectáculos; y
— entendiendo que muchas decisiones no deben ser explicadas… deben ser ejecutadas y sostenidas.
Al final, ocupar esa “silla” no cambia al hombre: le revela el tamaño y las características reales del “lago” en el que siempre había estado, pero desconocía.


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