El enemigo no siempre está enfrente
Por Homero Luis Lajara Solá
Mucha gente oye el nombre de Shakespeare y cree que su obra es solo “teatro inglés viejo”. Error. Ese hombre fue, probablemente, uno de los mejores observadores del comportamiento humano que han existido.
Vivió entre 1564 y 1616 en Inglaterra. No fue militar ni gobernante. Fue dramaturgo: escribía obras para el teatro. Pero en esas obras inyectó lo que veía en la gente real: ambición, celos, poder, traición, dudas. Por eso no envejece.
Su fortaleza fue entender algo muy simple: cuando el ser humano tiene poder, se revela como es. Y cuando no lo tiene, también.
En Macbeth muestra al hombre valiente que se pierde por ambición.
En Hamlet, al que piensa tanto que no actúa.
En Otelo, al que se deja envenenar por la sospecha.
En Rey Lear, al que manda sin prudencia y termina solo.
No hay que leerse los libros completos para entenderlo. Basta captar su aporte: puso al descubierto cómo se destruye una persona por dentro antes de caer por fuera.
Por eso se lo sigue citando en academias militares, en política y en liderazgo. No por romanticismo literario, sino porque retrató al ser humano cuando se equivoca tomando decisiones.
Dicho en forma simple: Las enseñanzas de Shakespeare sirven para entender que el enemigo principal de un hombre no siempre está enfrente. Muchas veces está en su carácter.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario