El Leño Pinto Digital
El desfile del 27 de febrero
Por
Homero Luis Lajara Solá
Muchos han comentado —y con razón— que fue, para mí también, uno de los desfiles militares más organizados y planificados que se recuerden.
No se trató solo de marcialidad o de uniformes impecables, sino de algo más profundo: la perfecta formación geométrica, la sincronización milimétrica y la disciplina colectiva que hablan sin palabras del nivel de preparación alcanzado.
Cada escuadra (militar, naval y aérea) avanzó con precisión matemática; cada giro fue ejecutado con exactitud; cada intervalo respetado como si se tratara de una partitura.
Esa armonía no nace de la improvisación, sino del entrenamiento constante, del liderazgo firme y del orgullo institucional bien entendido.
Cuando la geometría del orden cerrado se funde con el espíritu de cuerpo, lo que el público presencia no es solo un desfile: es la expresión visible de cuerpos militares cohesionados, conscientes de su rol histórico y de su compromiso con la Nación.
Ese tipo de demostración fortalece la confianza ciudadana y eleva la moral interna.
Porque detrás de cada paso sincronizado hay horas de ensayo, exigencia y sentido del deber. Y eso, en cualquier fuerza armada, es motivo legítimo de orgullo.
Felicitaciones a los mandos actuales y sobre todo a los oficiales y valiosos alistados que participaron en ese mango desfile militar.
¡Todos somos uno!


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