El cortesano transversal
Por
Homero Luis Lajara Solá
Desde una óptica militar, válida para todas las profesiones, el cortesano transversal es una figura conocida, aunque pocas veces nombrada. En toda organización existe una cadena de mando: en las Fuerzas Armadas es visible; en la justicia, la empresa o los medios adopta formas más sutiles. El cortesano no la respeta: la rodea.
No busca ascensos por mérito ni por disciplina, sino por su habilidad para situarse siempre cerca del despacho correcto.
Cambia de lenguaje como otros cambian de uniforme. No por convicción, sino por temor a quedar fuera. No distingue entre lo justo y lo conveniente, sino entre lo cercano y lo lejano al poder. Cree gobernarse, pero en realidad es gobernado por la aprobación ajena.
En términos militares, este comportamiento es letal. Rompe la cohesión, erosiona la disciplina y debilita la confianza. Ninguna fuerza se derrota primero en el campo de batalla; cae antes cuando se premia la cercanía ineficaz y se castiga la rectitud. En cualquier profesión ocurre lo mismo: cuando la lealtad personal sustituye a la institucional, la misión pierde sentido.
El profesional íntegro —como el soldado recto— sabe que el deber no cambia con el comandante ni con la coyuntura. Cumple la orden legítima, respeta los reglamentos y acepta el costo de no adular. Entiende que la ética no es negociable y que la carrera se construye con constancia, no con atajos.
El cortesano transversal sobrevive. El profesional sirve.
Y solo el que sirve deja estructura, escuela y ejemplo. Ahí está la diferencia entre perdurar y simplemente estar.


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