El carácter cuando el viento es contrario
Por
Homero Luis Lajara Solá
El Bushidō suele presentarse como una filosofía lejana, propia del Japón feudal. Sin embargo, leído con atención, es una doctrina de carácter perfectamente comprensible para cualquier marino.
Nació en tiempos de presión constante, donde no había espacio para la improvisación ni para la comodidad. Exactamente como ocurre en la mar y en el ejercicio del mando.
Su principio central —hacer lo correcto incluso cuando es difícil— coincide con una verdad naval elemental: la disciplina no depende del estado de ánimo, sino del compromiso asumido.
Un buque no se gobierna por emociones; se gobierna por rumbo, timón y constancia. Cuando el mar se pone duro, no se abandona el puente: se ajusta vela, se afirma la guardia y se mantiene la derrota.
El Bushidō recuerda que la constancia vence a la motivación. En términos navales, eso significa cumplir la misión, aunque el cansancio apriete, aunque la visibilidad sea escasa o aunque el reconocimiento no llegue.
El honor, como bien enseña esta filosofía, no necesita testigos. En la mar, muchas decisiones correctas se toman sin aplausos, en silencio, cuando nadie observa más que la propia conciencia profesional.
También advierte contra uno de los mayores peligros del presente: la búsqueda de comodidad en entornos que exigen firmeza. Navegar evitando toda incomodidad conduce, tarde o temprano, a la pérdida del rumbo. El mar no perdona la indecisión ni los atajos mal calculados.
El Bushidō no enseñó a combatir; enseñó a mantenerse firme cuando el viento es contrario. Esa es una lección plenamente vigente para quienes hoy ejercen responsabilidades públicas y privadas. Porque al final, tanto en la mar como en la vida institucional, el verdadero mando se demuestra sosteniendo el timón cuando nadie aplaude y el oleaje exige carácter.


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