lunes, 2 de febrero de 2026

Cuando el maestro ya no puede dar órdenes




El Leño Pinto Digital

Cuando el maestro ya no puede dar órdenes

 



Por

 

Homero Luis Lajara Solá

 

Sócrates nunca escribió un manual ni una orden general ni una doctrina firmada. Su forma de enseñar era otra: preguntar, incomodar, obligar al otro a pensar por sí mismo. Como esos viejos jefes que no te dan la solución, pero te colocan frente al problema y esperan que actúes con criterio.

 

Por eso, todo lo que hoy sabemos de Sócrates nos llega por terceros. Y, sobre todo, por quien fue su discípulo más capaz: Platón.

 

Aquí aparece una pregunta que no es filosófica solamente, sino profundamente profesional: cuando leemos a Sócrates, ¿estamos escuchando al maestro… o a un subordinado brillante interpretando su legado?

 

En los textos, Sócrates razona con una precisión impecable. Tal vez demasiado impecable.

 

El Sócrates real —el de la plaza pública— se parecía más al instructor exigente que desmonta falsas seguridades, elabora preguntas incómodas y no acepta respuestas de memoria. No construía sistemas; formaba criterio.

 

Platón, en cambio, fue un planificador. Donde el maestro dejaba maniobra abierta, él trazó doctrina. Donde había experiencia oral, él la convirtió en método. Fundó la Academia como quien funda una escuela de formación permanente, con programa,estructura y visión de largo plazo.

 

Esto es relevo generacional bien entendido. En las instituciones militares ocurre algo similar. El comandante veterano transmite experiencia, intuición y olfato táctico. El sucesor ordena esa experiencia, la convierte en reglamento, en manual, en procedimiento. Si nadie lo hace, la institución navega a la deriva; si se hace sin respeto, se rompe la tradición.

 

Platón no anuló a Sócrates. Hizo algo más difícil: custodió su legado y lo proyectó. Asumió el timón cuando el maestro ya no estaba en el puente y evitó que el rumbo se perdiera con el tiempo.

 

La enseñanza es clara para quien manda o aspira a mandar: el conocimiento no se posee como un rango ni se hereda como una insignia. Se recibe en custodia. Y se tiene la obligación moral de entregarlo mejor estructurado de como se lo recibió.

 

Como en toda buena travesía, lo importante no es quién descubrió la rutasino que el rumbo siga siendo seguro para los que naveguen después.

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