El Leño Pinto Digital
Cápsula naval
Gallardete de la Fe
Por : Homero Luis Lajara Solá
Un 1.º de octubre, hace 46 años, arribé a la Academia Naval, inaugurada y puesta en marcha por mi padre.
Subí a esa cubierta con ilusiones, sueños del mar y el compromiso silencioso de servir a la patria desde su Armada.
Hoy, desde el fondeadero de mi honroso retiro, contemplo la estela de aquel viaje. No es para que la juzguen los hombres, sino para que la evalúe la historia con sus hechos.
Esa estela —tejida de singladuras, disciplina y lealtad— queda como carta de navegación para quienes vienen detrás.
Si volviera a nacer, volvería a ingresar a la Armada, “una profesión honorable”: mi única vocación y orgullo.
Hoy, empavesado con la satisfacción del deber cumplido, alzo en mi palo mayor el gallardete de la fe en instituciones que siempre deben ser virtuosas y apartidistas.
Que nuestra Armada esté hoy más fortalecida que nunca; la institución está por encima de nuestras pasiones y la cadena jamás debe volver a romperse en ningún eslabón.
¡Bravo Zulu! a todos los que, un día como hoy, también ingresaron a la Armada y han sabido navegar guiados por el faro de la dignidad y del honor.


Bajo el mando del Vicealmirante Homero L. Lajara Solá tuve el privilegio de servir durante muchos años en la DNCD.
ResponderBorrarDe él aprendí la disciplina en su más alto nivel, la importancia de los valores y la entrega absoluta al deber. Con su ejemplo comprendí que siempre es posible dar lo mejor, aportar lo extra y convertir lo que parece imposible en posible para cumplir la misión con la más alta calidad.
El Vicealmirante Lajara Solá fue una de las figuras que más aportó en mi formación, contribuyendo —junto a otros altos oficiales que también dejaron huella en mi carrera— a moldearme como profesional y como ser humano. Me enseñó que el hombre de uniforme está llamado a servir con honor, y nunca a servirse a sí mismo por encima del deber ni del prestigio de la institución; a ser un profesional honesto, exigente y comprometido con la patria.
Gracias por todo, mi Almirante. Su legado de disciplina, honor y amor a la patria permanece en nosotros, y en vida seguimos su ejemplo con orgullo y gratitud.