El Leño Pinto Digital
Cápsula Naval
Por : Homero Luis Lajara Solá
En la mar de la historia, Roma dejó la estela que aún seguimos.
La legión no era solo una tropa: era una nave ordenada por secciones, con centurias que se movían como cuadernas firmes sosteniendo el casco.
Su disciplina era la quilla que mantenía el rumbo recto, y su jerarquía, el velamen que obedecía al timón del mando.
Los romanos entendieron que no basta con tener soldados, hay que tener marineros del deber, entrenados, constantes, capaces de virar en medio de la tormenta.
Sus cohortes eran como escuadras listas para desplegarse según el viento del combate, y sus campamentos fortificados eran los puertos seguros desde donde lanzaban expediciones.
Hoy, nuestras Fuerzas Armadas beben de esa misma fuente.
La organización por unidades, la profesionalización del servicio, la logística que asegura víveres y pertrechos, y la doctrina que guía el timón de mando, son ecos de Roma en nuestras cubiertas.
El principio es claro: sin disciplina, la nave se convierte en deriva; con disciplina, incluso en mar adverso se puede llegar a puerto seguro.
La lección romana es que la victoria no se improvisa, se construye con orden, previsión y constancia.
Y en ese espejo debemos vernos, como guardianes del timón institucional, manteniendo la proa firme hacia la justicia y la seguridad de la nación.


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