“El arte cambia, como la cultura y la
sociedad. Los artistas son hijos de su tiempo, sus lenguajes y expresiones
están en vínculo permanente con su realidad local y global”.
En el documento, el Jurado considera que en esta
edición los artistas dominicanos y extranjeros residentes en el país plasmaron
sus ideas con mucha calidad. “Si bien las categorías históricas tuvieron
propuestas interesantes, también muchos artistas optaron por presentar su
trabajo utilizando otras prácticas artísticas como instalación, performance y
multimedia, nacidas casi todas a principios del siglo XX”.
Explican que en esta bienal, dedicada a Domingo Liz,
pintor, dibujante, escultor y gran artista dominicano, se seleccionaron obras
en todos los renglones participantes.
Añaden: “Si bien, las categorías históricas que
se aplican para organizar las obras enviadas siguen en pie, se intuye también
un deseo creciente por parte de los artistas de romper las formas
clasificatorias y explorar espacios entre lenguajes y géneros, aspecto que el
jurado tomó en cuenta en el proceso de premiación”.
Entienden que el no premiar algunos renglones no es
estar en contra de estos, es una invitación a que los artistas experimenten más
con los medios tradicionales. El contexto artístico dominicano tiene
grandes artistas en todos los géneros y disciplinas, lo que se manifiesta en
diversos eventos artísticos, como exhibiciones en galerías y museos, ferias de
arte internacionales, el Concurso Eduardo León Jimenes, entre otros.
En cuanto a las denuncias sobre el carácter no inédito
del performance de Joiri Minaya, artista joven, pero de gran madurez artística,
Martínez, Henríquez y Armenteros afirman que “tras nuestra investigación
concluimos que la obra ‘Satisfecha’ no ha sido presentada con anterioridad como
lo demuestran cartas escritas por la institución donde algunas personas
aseguran ha sido expuesta esta obra”.
Al definir la artista y su obra, aseveran: “La osadía
de su trabajo reside en una simplicidad al servicio de una intención estética y
política ambiciosa. Su obra denota sensibilidad, firmeza, capacidad de entender
el contexto desde el que trabaja y, a la vez, capacidad de responder a él con
un lenguaje tan complejo y difícil de adaptar a contextos institucionales
tradicionales. El premio fue otorgado por unanimidad”.
En el caso de Ariadna Canaán, quien ha sido objeto de
múltiples ataques por usar la obra de Lara Almarcegui como referencia en “La casa
perdida”, manifiestan que “rendir tributo a un artista, aprender de otro, no es
un plagio sino la constatación que, efectivamente, aprendemos solo si somos
capaces de incorporar las enseñanzas de otros”.
Continúan: “Lara Almarcegui, en persona, lamenta
profundamente este ataque injustificado a una artista que repite un gesto
formal, creando una escultura, que hoy en el contexto de esta bienal es inédita
y distinta a la suya pero que se suma a una larga genealogía de trabajos que
parten de Smithson y Matta-Clark”.
Señalan que el arte contemporáneo se caracteriza por
su capacidad de contemplar diversos lenguajes y medios, por su respeto a la
tradición y la necesidad de dialogar con ella de múltiples formas. “Cierto,
esta bienal está dedicada al gran artista Domingo Liz y al conversar con su
familia, estamos seguras que él hubiese respetado y, porque no, admirado el
veredicto. Compartimos esta opinión por el carácter experimental
que tiene la obra de este artista a través de los años”.
Agregan que el arte contemporáneo es plural, quienes
lo nieguen o no quieran verlo están negando a toda una comunidad de artistas,
rica, inquieta, llena de talento. Una comunidad que se ve en continuación a su
historia y a la historia de una bienal cada vez más abierta, abierta incluso a
aquellos artistas de formación autodidacta y capaz de ser la sede que recoge y
premió, no solo a un medio, sino al arte y a todos los lenguajes que hoy en la
República Dominicana e internacionalmente lo nutren.
El texto concluye: “Desacreditar al jurado es poner
seriamente en riesgo la relación de profesionalidad que ha existido entre la
institución pública, abierta y respetuosa de las decisiones y los artistas.
Desacreditar a un jurado riguroso, profesional y con un deseo de servir a los
artistas es lo contrario de disentir democráticamente. Ampararse en
formalidades para no querer aceptar que la comunidad artística es más que un
medio, que los distintos medios viven y deben permanecer en diálogo, por su
bien y el del público general, es negarse a ver un contexto rico, preparado
para aceptar retos”.
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