Tradiciones Navales
“El tiempo es justiciero, pone cada cosa en su
lugar”.
-Voltaire-
Homero
Luis Lajara Solá
Santo
Domingo Este
cinco de agosto se cumple el trigésimo sexto aniversario del atraque al puerto
de la paz eterna del ilustre nauta por vocación, agrimensor, astrónomo y
profesor, contralmirante Ramón Julio Didiez Burgos.
El
abatimiento sufrido por La Armada desde su nacimiento, abarloada a nuestro
glorioso Ejército libertador, ocasionado principalmente por el garfio
desgarrador de la anexión a España y la intervención militar norteamericana de
1916 (ver Orden Ejecutiva No, 47 del 1917), la hicieron desaparecer, emergiendo
en el año de 1933 como dependencia del Ejército.
El
comandante Didiez Burgos, muy poco conocido por las generaciones actuales,
sobre todo entre los marinos militares de nuevo cuño, ingresó a la
milicia en el año 1932; fue trasladado a la rama naval en el 1933, donde se
dedicó de lleno al estudio de las ciencias navales.
Llegó
a ser uno de los dominicanos de mayor cultura y capacidad en las lides
náuticas, destacándose como profesor de las tripulaciones de los buques que
formaron la Marina Mercante Nacional.
En
el año 1938, comandando el transporte Presidente Trujillo, Didiez condujo a
suelo dominicano, desde Jamaica, al sobresaliente piloto nuestro Frank Féliz
Miranda, con su histórico avión Colón, después del trágico accidente de la
escuadrilla de los aviones cubanos en el vuelo Pro Faro a Colón.
El
21 de mayo de 1942, en ruta Fort de France, Martinica, a San Juan, Puerto Rico,
al poco tiempo de zarpar del puerto, el vapor Presidente Trujillo fue impactado
por un torpedo del submarino alemán U-156. De sus 45 tripulantes se contaron
solo 19 sobrevivientes, entre ellos Ramón Julio Didiez Burgos, quien salvó la
vida, según él mismo relató, apretando su medallón de la Virgen del Amparo. A
su regreso al servicio fue designado comandante del guardacostas No 6, precisamente
destinado a convoyar buques mercantes Aliados en el Caribe, protegiéndolos de
las manadas de submarinos nazis en cacería feroz de sus presas en el apogeo de
la Segunda Guerra Mundial.
En
el año de 1943, comandando la Base Naval de Las Calderas, sembró la semilla del
saber en la formación de los futuros oficiales en el arte de la guerra
naval.
El
23 de abril de 1944 hizo su entrada triunfal la escuadrilla de caza submarinos
entrenados en Miami, Didiez al mando, siendo la primera vez en la historia en
que todas las tripulaciones estaban conformadas por marinos dominicanos. El
primero de julio de ese año, bajo su liderazgo, se inició oficialmente la
Escuela de Marina, en la Base Naval de Las Calderas, Baní, constituyendo la
matriz de lo que es hoy la Academia Naval.
El
13 de mayo de 1946, el teniente comandante Didiez Burgos, capitaneando la
corbeta Colón como buque escuela,inició el viaje de instrucción en ruta Río de
Janeiro, Brasil, cruzando por primera vez un buque dominicano, con un
comandante nuestro, la línea ecuatorial.
El
decreto del Poder Ejecutivo No. 4169 del 10 de febrero de 1947 nombró al
teniente comandante Ramón Julio Didiez Burgos, primer Jefe de Estado Mayor de
la Marina de Guerra, con su estructura funcional. Se creó así la plataforma de
lo que es hoy la Marina de Guerra (Armada), centinela de nuestras costas y mar
territorial.
Este
avezado marino fue director del Instituto Cartográfico Nacional, en ese
entonces uno de los mejores de América latina.
Comandando
el yate Angelita, ya en retiro, le encomendaron el primer traslado
de los restos de Trujillo a Martinica, a bordo del histórico yate. Fue apresado
en alta mar, por el segundo comandante que cumplía órdenes superiores y
retornada dicha embarcación militar de vuelta a la República Dominicana, que
atracó bajo un velo de misterio en la Base Naval de Las Calderas.
Fundador
de la Sociedad Dominicana de Geografía, el almirante Didiez publicó dos obras:
“El Milagro en el Fuerte de Santo Tomás”, donde deja aclarada la ruta seguida
por Colón desde la Isabela. Su segunda obra: “Guanahaní o Mayaguain”, hace un
magistral estudio sobre el diario de Colón, demostrando que no fue San Salvador
la primera tierra descubierta, sino una de las islas Planas.
Ya
en honroso retiro, a pesar de su enfermedad y avanzada edad, se mantuvo
impertérrito como profesor de navegación en la Academia Naval que concibió,
hasta que dio la vuelta de campana.
Recomendamos
a las autoridades navales actuales, la designación de la Base Naval de Las
Calderas, como “Almirante Ramón Julio Didiez Burgos”, uno de los padres de la
Marina de Guerra de la 3.ra República, por sus acrisolados méritos y aportes
profesionales a la Patria, dejando una brillante estela indeleble en nuestra
historia naval.
Pie de
foto: Teniente comandante Ramón Julio Didiez Burgos, M. de G. (1947)

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