Homero Luis Lajara Solá
Santo Domingo
Nuestra
entonces Marina Nacional, denominada posteriormente Marina de Guerra (Armada),
gemela en ideales de nuestro glorioso Ejército Libertador, tuvo su bautismo de
fuego, al tiro de cañón, contra las fuerzas militares haitianas, un 15 de abril
de 1844, en la “Batalla Naval de Tortuguero, abarloada al costado de su primer
comandante, el almirante Juan Bautista Cambiaso, quien junto a los también
almirantes, Juan Bautista Maggiolo y Juan Alejandro Acosta, este último primer
almirante dominicano- por ser los dos primeros genoveses-, a quien le tocó el
honor capitaneando la goleta Leonor, de buscar al Padre de la Patria de su
exilio en Curazao, son los tres fundadores de la Marina de Guerra.
Después
del lastre de La Anexión, La Armada emergió de los mares de la desidia-
navegando singladuras de supervivencia-, bajo la protección del temido dictador
Ulises Heureaux, hecho sobre el cual -en sus apuntes inéditos sobre la historia
de la Marina de Guerra-, narra el almirante Luis Homero Lajara Burgos: “Es así
como, a fines de siglo, nuestras costas y rías ven pasar majestuosas las
unidades de guerra: Presidente (1889), Independencia (1894), Restauración
(1896) y Colón, adquiridas en Europa”.
Al
caer Heureaux, en el año de 1899, La Armada se va de nuevo a pique, iniciando
el penoso proceso con el hundimiento por sabotaje del crucero Restauración, en
San Pedro de Macorís; experimentando una mejoría con el presidente Cáceres,
hasta que la Ocupación Militar Norteamericana del 1916, clava los garfios del
invasor con la nefasta Orden Ejecutiva No. 47, del 7 de abril de ese luctuoso
año, desintegrando nuestras fuerzas militares.
En
los inicios de la Era de Trujillo, con el mar de fondo de toda dictadura,
procurando cercenar la libertad con fuego de metralla y cañón, en el año de
1933, se adquiere en Cuba el vapor Guantánamo, nuestra primera unidad de guerra
del siglo XX, armada para la defensa nacional y comisionada en la renaciente
Marina Nacional, con el ególatra nombre de “Presidente Trujillo”.
Institucionalidad
Con la Orden General No. 1, del 1ro. de enero de 1936, se crea el primer destacamento de Marina, dependiente del Ejército Nacional. Dos años después (1938), se adquieren en los EE. UU.: en calidad de compra, tres unidades navales tipo guardacostas, y en ese mismo año, mediante la Ley No.55, del Congreso Nacional, en fecha 22 de diciembre, se crea, al sur de la República (Baní) la estación naval y aérea de Las Calderas, estableciéndose la primera bahía militar de la región.
Con la Orden General No. 1, del 1ro. de enero de 1936, se crea el primer destacamento de Marina, dependiente del Ejército Nacional. Dos años después (1938), se adquieren en los EE. UU.: en calidad de compra, tres unidades navales tipo guardacostas, y en ese mismo año, mediante la Ley No.55, del Congreso Nacional, en fecha 22 de diciembre, se crea, al sur de la República (Baní) la estación naval y aérea de Las Calderas, estableciéndose la primera bahía militar de la región.
En el
año de 1942, la Marina Nacional, con una dotación de 108 hombres, estaba
integrada por siete guardacostas, los cuales participaron en la Segunda Guerra
Mundial, bando aliado, escoltando remolcadores con barcazas cargadas de
alimentos, cruzando mares cundidos de submarinos alemanes en las oscuras aguas
del Canal de los Vientos y el Canal de la Mona, en la ruta Cayo Hueso, Florida;
Haití, República Dominicana, hasta llegar al puerto de Mayagüez, Puerto
Rico.
El 25
de enero de 1943, con la firma del Secretario de Estado de los EE. UU.; y el
Embajador dominicano en Washington D.C; tuvo efecto un convenio para establecer
la primera Misión Naval norteamericana en el país. De inmediato, con el interés
soterrado de los EE. UU. para garantizar su hegemonía en El Caribe, por la
importancia del tráfico marítimo a través del canal que ya unía las rutas entre
el Atlántico y el Pacífico (Canal de Panamá), y los aprestos estratégicos para
evitar que los alemanes lograran establecer enclaves en tan importante línea de
abastecimiento para las fuerzas aliadas, se inició, con personal del Ejército
Dominicano y asesoría de la Misión Naval USA, a mediados de 1943, la
construcción de la Base Naval de la entonces Ciudad Trujillo -hoy Base Naval 27
de Febrero-, finalizándose los trabajos en el año de 1944.
En el
año 1943, se establece, mediante el decreto del P.E. No 1081, del 3 de abril,
la Comandancia de la Marina Nacional, bajo el mando del capitán Manuel R.
Perdomo -todavía dependiente del Ejército-, así como la primera Academia de
Guardiamarinas (Cadetes) del siglo XX, iniciando con 10 jóvenes aspirantes.
Equipamiento
La formación de una de las flotas navales más poderosas del área continuó germinando de forma vertiginosa en el año de 1944, con la adquisición en los EE. UU., de tres guardacostas -caza submarinos-, de 83 pies de eslora (largo), cuyas tripulaciones se entrenaron en esa nación en guerra con el eje: Alemania, Japón e Italia. En el año de 1945, ya en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, se adquirieron en los EEUU; dos buques de guerra de mayor dimensión y poder de fuego; una corbeta -construcción canadiense- y una fragata, comisionadas como Colón C-101 y Presidente Trujillo F-101, respectivamente, agregadas a los once guardacostas, dos lanchas auxiliares y una goleta existente.
La formación de una de las flotas navales más poderosas del área continuó germinando de forma vertiginosa en el año de 1944, con la adquisición en los EE. UU., de tres guardacostas -caza submarinos-, de 83 pies de eslora (largo), cuyas tripulaciones se entrenaron en esa nación en guerra con el eje: Alemania, Japón e Italia. En el año de 1945, ya en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, se adquirieron en los EEUU; dos buques de guerra de mayor dimensión y poder de fuego; una corbeta -construcción canadiense- y una fragata, comisionadas como Colón C-101 y Presidente Trujillo F-101, respectivamente, agregadas a los once guardacostas, dos lanchas auxiliares y una goleta existente.
El 10
de febrero de 1947, con el decreto del P.E. No. 4169, se cambia el nombre de
Marina Nacional por el de Marina de Guerra, y se organiza formalmente la
institución naval con su Estado Mayor funcional, y se nombra al culto y
profesional teniente comandante Ramón Julio Didiez Burgos, agrimensor y
astrónomo aficionado, como su primer Jefe de Estado Mayor. En ese período, en
adición a la prioridad de educar y entrenar el valioso recurso humano naval, se
sigue incrementando la flota (sin ésta La Armada es una caricatura de sí
misma), con la adquisición de las corbetas comisionadas por el gobierno
dominicano: Juan Alejandro Acosta, Juan Bautista Cambiaso, Gerardo Jansen y
Juan Bautista Maggiolo; dos guardacostas de 110 pies de eslora, dos barcazas de
rescate aéreo y dos barcos tipo patrulleros. En esa vertiente, como soporte
operativo, se compró en Key West, USA, un dique para mantenimiento y reparación
de los barcos, con capacidad para 1,000 toneladas. A esta flota, vislumbrando
lo que se denominó acertadamente el “gigantismo militar de Trujillo” para
contrarrestar amenazas-vía marítima y aérea-, de grupos contrarios a la
dictadura, procedentes del exterior, ayudados por gobiernos liberales adversos al
tirano, se agregan dos buques de guerra de gran dimensión (323 pies de eslora),
y con una potente artillería, los denominados Destructores-comprados en
Inglaterra-, el D-101, comisionado como “Trujillo” y, el D-102, como
“Generalísimo”.
Con
el Decreto del Poder Ejecutivo No. 5713, fechado 23 de marzo de 1949, se
designa al caballero oficial naval, capitán de navío César De Windt Lavandier,
como Jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra, promovido a contralmirante de
“dos estrellas”. En esa gestión se incorpora una grúa flotante, un buque faros
y boyas y dos modernos buques patrulleros, comisionados como “Independencia” y
“Restauración”, respectivamente. Con estos barcos de guerra se conformó una
respetable flota naval que mantuvo al máximo la eficacia y eficiencia en los
controles de nuestras costas-para los fines buscados por Trujillo-,cuando
intentó despegar el hidroavión Catalina, en la Bahía de Luperón -junio 1949-,
después de abortar el desembarco de fuerzas expedicionarias antitrujillistas,
recibiendo un implacable fuego de artillería del guardacostas GC-9, de la
entonces poderosa Marina de Guerra, haciéndolo estallar, pereciendo cuatro de
los valientes expedicionarios que habían logrado abordarlo en una retirada
forzosa.
Avances
Entre las actividades sobresalientes acaecidas en la brillante jefatura del almirante De Windt Lavandier, sobreviviente junto al almirante Didiez de los ataques de submarinos alemanes a buques mercantes en el Caribe en el año de 1942-, (ver página web: www.homerolajara.com), destacamos la consolidación de los estudios en la Academia Naval, la adquisición de otra unidad tipo Patrullero (P-106), dos barcos auxiliares, la construcción del primer templo católico y un cine dentro de un recinto militar dominicano (inaugurados en octubre de 1952), la Ley 3003, que otorga facultades a la Marina de Guerra como Policía de Puertos y Costas, así como el Reglamento Orgánico de la institución.
Entre las actividades sobresalientes acaecidas en la brillante jefatura del almirante De Windt Lavandier, sobreviviente junto al almirante Didiez de los ataques de submarinos alemanes a buques mercantes en el Caribe en el año de 1942-, (ver página web: www.homerolajara.com), destacamos la consolidación de los estudios en la Academia Naval, la adquisición de otra unidad tipo Patrullero (P-106), dos barcos auxiliares, la construcción del primer templo católico y un cine dentro de un recinto militar dominicano (inaugurados en octubre de 1952), la Ley 3003, que otorga facultades a la Marina de Guerra como Policía de Puertos y Costas, así como el Reglamento Orgánico de la institución.
El 16
de Agosto de 1953, mediante el Decreto del Poder Ejecutivo No. 9263, se designó
al capitán de corbeta Luis Homero Lajara Burgos, discípulo aventajado de los
almirantes Didiez y De Windt, los Padres de la Marina de Guerra de la Tercera
República-, quien fungía como Agregado Naval en Washington, D.C. (primero en la
historia), como Jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra. Con apenas 33 años
de edad, el contralmirante de dos estrellas Lajara Burgos -formado en
instituciones navales inglesas y norteamericanas- navegó siempre en mares
revueltos y tormentosos -infestado de tiburones-, mares en los cuales, como en
todas las épocas, algunos espíritus inquietos y simuladores se disfrazaban de
delfín.
Después
de haber inaugurado las instalaciones de la Academia Naval (24 de octubre
1953), que inició el almirante de Windt, y crear el Batallón de Infantería de
Marina (ver Orden General del Jefe de Estado Mayor, M. de G; No. 129, del 30 de
diciembre de 1953), el almirante Lajara Burgos colisionó de frente con la
realidad dominicana de ese momento -al destacarse más de lo permitido en una
dictadura, con un tirano sin escuela, formado al vapor por las circunstancias
generadas de la intervención del 1916.
Bastó
una exitosa Misión Naval a España (del 6 de septiembre al 9 de noviembre de
1954), en devolución simbólica del primer viaje de Colón a La Española, con un
destructor, una fragata y una corbeta-recreando las tres carabelas-, donde el
joven almirante Lajara Burgos recibió honores que a Trujillo no le fueron
concedidos en su viaje a la Madre Patria (2 de junio al 14 de agosto de 1954),
situación que hizo surgir del mar de la envidia y la mezquindad, el barco
pirata de la discordia, remolcado por la mentira aviesa y la intriga manipulada
de siempre, cruzando el Atlántico, arrojando por la borda la carrera naval de
un almirante, que apostó al honor y a la grandeza.
Ya en
la recalada, destacó en el Cuaderno de Bitácora los intentos de supervivencia
de una Armada, combatiendo los vientos huracanados del final de una dictadura,
la secuela del mar de fondo de un Golpe de Estado, los vaivenes de las olas con
el bramido de aquel pretérito mundo bipolar de la guerra fría, y navegando con
cautela en las agitadas aguas del océano de la globalización, que la golpearon
de costado con la furia despiadada de las nuevas amenazas emergentes,
encabezadas por el flagelo del narcotráfico, dejando en su lúgubre estela el
doloroso y aleccionador a la vez: Caso Paya, destacando la profesionalidad y
responsabilidad de los miembros de la Marina de Guerra, subordinados al
Ministerio Público, que enfrentaron y castigaron con valor espartano las lacras
navales, empavesando sus actuaciones con gloria; señal contundente que sirvió
para que nos diéramos cuenta de que a la nave de La Armada le estaba entrando
agua por los agujeros de la inercia, desidia, ausencia de las tradiciones
navales, y la pérdida del sentido de grandeza, esta última, rosa náutica
orientadora, junto a la honradez, dignidad y disciplina, del militar a nivel
global.
Ese
casco, fisurado por el deshonor, tuvo que ser reparado de emergencia
-enfrentando sable en mano al temido y apadrinado “lado oscuro de la fuerza”-,
con la responsabilidad que ameritaban las circunstancias, sin vacas sagradas ni
culpables favoritos-tomando al toro por los cuernos-, y la moral sin
compromisos que le impidieran hacerlo; apuntalándose con valores y principios
que se nutren del amor a la Patria, lealtad y vocación de servicio. Recordando
que, de la “unión” de cada miembro de La Armada, como eslabón del deber de una
cadena que jamás debemos permitir que se vuelva a romper, está la fuerza que
proporciona la credibilidad y el indispensable respeto que debemos irradiar
ante la sociedad y los políticos que nos gobiernan, manteniendo una estela
siempre blanca-como nuestro uniforme-, planificando bajo el timón de un avezado
y honesto capitán, salido -como ente motivador de los que vienen atrás-, del
seno de la institución, con la capacidad, méritos y experiencia, para ejecutar
con profesionalidad y visión las maniobras -en base a los retos y desafíos del
milenio-, con el gallardete de la dominicanidad más pura enarbolado en lo alto
del palo mayor de una Marina de Guerra virtuosa y apolítica, que por no ser un
fin en sí misma, sino parte de un Proyecto de Nación, debe navegar el norte
verdadero subordinada al poder civil legalmente constituido, como poderoso grillete
de la seguridad y el desarrollo nacional.
¡Que
viva la República Dominicana! ¡Que viva la Marina de Guerra, Una Profesión
Honorable!

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