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martes, 5 de mayo de 2026
Ejército envía ante el Ministerio Público a 256 personas detenidas por tráfico de indocumentados y contrabando durante el primer cuatrimestre de 2026
En acto por el Día del Trabajo, Santos Badía plantea una educación orientada al futuro de los trabajadores
Fiscalía de María Trinidad Sánchez entrega 116 armas de fuego al Ministerio de Interior y Policía
El comando
El comando
Por
Homero Luis Lajara Solá
Hay libros que no se limitan a instruir; forman criterio. Command at Sea (El mando en el mar) fue uno de ellos para mí. Durante mi curso de Estado Mayor Naval en Newport comprendí que el mando no es un atributo del rango, sino una disciplina del espíritu. Aquella obra me acompañó como una bitácora de navegación y, con los años, confirmé en la mar muchas de sus lecciones.
Comandar es mucho más que dirigir una unidad. Es asumir, en silencio, el peso de decisiones que afectan a otros. En el puente de un buque se aprende que la autoridad no descansa en la voz que ordena, sino en la confianza que inspira. Esa confianza nace del estudio, del ejemplo y del dominio sereno de uno mismo.
La lectura tiene allí un papel decisivo. Un oficial que lee aprende a prever, a discernir y a comprender que toda maniobra tiene consecuencias. Ningún instrumento sustituye el juicio. Ninguna tecnología reemplaza el carácter.
A los jóvenes les diría que el liderazgo no surge de la impaciencia. Como el amanecer sobre cubierta, aparece por grados. Se forja en cada guardia, en cada corrección de rumbo, en cada error asumido con humildad. El mar enseña que precipitarse conduce al varadero; pensar a tiempo preserva el rumbo.
También fuera de lo naval esta lección conserva vigencia. En el gobierno, en la empresa o en cualquier institución, mandar exige unir competencia con prudencia, firmeza con humanidad.
La dotación siempre observa más los gestos que los discursos. Un jefe puede imponer obediencia; solo un verdadero comandante inspira lealtad.
Por eso mando y lectura van unidos. Uno da responsabilidad; la otra profundidad. Cuando ambas convergen nace un liderazgo duradero, capaz de servir de faro en tiempos de niebla. Esa sigue siendo, para mí, una de las grandes lecciones del mar.
lunes, 4 de mayo de 2026
DGM precisa que orden de arresto a González Contreras se detectó en su sede principal cuando inició solicitud de servicios*
Dajabón, Elías Piña y Gran Santo Domingo concentran mayor incidencia operativos DGM; 2,663 extranjeros indocumentados fueron deportados en los primeros tres días de mayo
COMANDANTE GENERAL DE LA ARMADA INSPECCIONA AVANCES EN REMOZAMIENTO DEL BUQUE ESCUELA “JUAN BAUTISTA CAMBIASO” ARD
FRUSTRAN INTENTO DE NARCOTRÁFICO INTERNACIONAL: INTERVIENEN MUJER EN AEROPUERTO DE PUNTA CANA CON NUEVE LÁMINAS DE PRESUNTA COCAÍNA ADHERIDAS AL CUERPO
El panóptico
El panóptico
Por
Homero Luis Lajara Solá
La pregunta no es menor: ¿te vigilan o te vigilas? Ahí es donde entra la reflexión del pensador francés, Michel Foucault, quien estudió cómo el poder deja de ser visible para volverse parte de la conducta. Nacido en 1926 y fallecido en 1984, mostró que las sociedades modernas no dependen solo de órdenes o castigos, sino de mecanismos más sutiles que moldean al individuo desde dentro.
Para entenderlo, retomó una idea del filósofo y jurista inglés del siglo XVIII, Jeremy Bentham: el panóptico. Era un diseño de prisión con una torre central desde la cual un vigilante podía observar a todos los reclusos sin ser visto. Pero lo importante no era la vigilancia real, sino la posibilidad de ser observado en cualquier momento.
Esa incertidumbre hacía que cada individuo se comportara como si siempre lo estuvieran mirando. En la República dominicana de hoy se aplica con relación a ciertos ciudadanos que siempre creen que su teléfono está intervenido.
Foucault llevó ese concepto de manera visionaria: explicó que ese modelo se extendió a toda la sociedad. Escuelas, hospitales, cuarteles…funcionan bajo una lógica similar. Con el tiempo, la vigilancia deja de ser externa y se convierte en interna. Ya no necesitas la torre ni el vigilante; el control se instala en la conciencia.
En el ámbito militar, esto tiene una lectura precisa. La disciplina es esencial, pero cuando se convierte en una vigilancia interior rígida, puede limitar la iniciativa y el mando.
El buen ciudadano no actúa por miedo a ser observado, sino por formación, honor y claridad de misión.
Ahí está el punto central: muchas decisiones no nacen del presente, sino de viejas estructuras de control que seguimos cargando, desde los tiempos de Ulises Heureaux y su telégrafo de claves de inteligencia, que se han quedado en la psiquis de las personas hasta hoy en día. Superarlas es romper con fantasmas. Es pasar de la obediencia condicionada a la responsabilidad consciente.
Porque el verdadero dominio no es el que se impone desde una torre invisible, sino el que se ejerce con criterio propio, sin necesidad de sentirse observado.
domingo, 3 de mayo de 2026
Armada de República Dominicana gradúa nueva promoción de grumetes y fortalece su capacidad operativa
RD ENTREGA OTRO DOMINICANO A ESTADOS UNIDOS; LO ACUSAN DE ROBO Y PORTE ILEGAL DE ARMAS
El Leño Pinto Digital _Las autoridades dominicanas con el apoyo de organismos internacionales han redoblado las labores de búsqueda y captu...


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