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martes, 12 de mayo de 2026
Prisión preventiva para agente policial que mató a su pareja
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La Gallup, propaganda y marketing.
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Mi 7511
Mi 7511
Por
Homero Luis Lajara Solá
Hay objetos que terminan siendo memoria viva. Mi fusil Mauser tipo mosquetón con bayoneta, registrado con el número 7511, calibre 7.62mm. (mi padre me decía que en realidad era 7 mm exactamente) me acompañó cuatro años, dos meses y dieciocho días de guardiamarina.
Con él conocí madrugadas de rocío, el rigor del orden cerrado, el primer disparo en el campo de tiro de Sierra Prieta y aquellas inspecciones del mediodía bajo el sol en el meridiano, cuando una rasgo de óxido o polvo en el metal podía costar la salida de libertad. No se revisaba solo un arma; se templaba carácter.
Como los centuriones romanos que aprendían que la disciplina era una forma de supervivencia, o los jenízaros moldeados por la repetición, entendimos que el arma era apenas símbolo de algo mayor: deber, control, honor.
Pero no todo era dureza. En plena faena llegaba a veces la llamada para los que éramos integrantes del coro de guardiamarinas, una agradable evasión en medio del rigor. Entre marchas y voces se aprendía que la formación también tiene armonía.
Aquel 7511 fue compañero de juventud, pero también prólogo de mis mejores años al servicio de la patria. De algún modo, en ese fusil comenzó una singladura que luego continuó en la mar, en el mando y en las responsabilidades del servicio.
Y cuando las circunstancias me llevaron años después a solicitar mi retiro, hubo en ello una despedida que tuvo algo de esos relatos de Hemingway, donde el adiós nunca es simple renuncia, sino aceptación serena de un ciclo cumplido. Se deja el arma, pero no el código que ella ayudó a forjar.
No di adiós solo a las armas; despedí una etapa entera de la vida. Pero ciertos compañeros no se abandonan del todo.
Todavía escucho el eco de la explanada, siento el peso del 7.62 y recuerdo el número grabado como quien recuerda una vieja derrota vencida por el deber.
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