El legado que navega
Por
Homero Luis Lajara Solá
La reciente decisión de la dotación del portaviones USS Nimitz (CVN-68) de recibir a cerca de 400 antiguos tripulantes, entre ellos a su primer comandante, el contralmirante de dos estrellas Bryan Whitfield Compton Jr., encierra una valiosa lección sobre la importancia de preservar la memoria institucional.
No fue un simple reencuentro de camaradería, sino una reafirmación de los valores que han permitido a la Marina de los Estados Unidos mantener una de las tradiciones navales más sólidas del mundo.
Incorporado al servicio en 1975, el USS Nimitz es mucho más que un portaviones de propulsión nuclear. Es una institución flotante donde varias generaciones de marinos han aprendido que el prestigio de un buque se construye con disciplina, liderazgo y espíritu de cuerpo.
Permitir que quienes escribieron sus primeras páginas regresen a recorrer sus cubiertas, centros de combate y espacios de trabajo es reconocer que la experiencia constituye un patrimonio estratégico.
La presencia del primer comandante del buque dio un significado especial a la actividad. Sin embargo, este tipo de homenaje también deja una enseñanza que conviene destacar: el reconocimiento institucional debe reservarse para quienes, durante su carrera, mantuvieron una conducta ejemplar y contribuyeron de manera efectiva al fortalecimiento y desarrollo de su Armada.
El paso por una institución, por sí solo, no convierte a todos en referentes. El verdadero legado lo dejan quienes honraron el uniforme con integridad, profesionalismo y vocación de servicio.
La Marina estadounidense resume ese espíritu en la expresión “Old Salt”, reservada para los marinos veteranos cuya experiencia continúa orientando a las nuevas generaciones. Más de 51 años después de la entrada en servicio del Nimitz, ese vínculo entre pasado y presente demuestra que las tradiciones no se conservan por nostalgia, sino porque fortalecen la identidad y la moral de la organización.
Las instituciones militares que distinguen a quienes realmente dejaron huellas positivas envían un mensaje claro a sus integrantes: el prestigio no se obtiene por la antigüedad, sino por la conducta, el ejemplo y los aportes realizados durante toda una vida de servicio. Ese es, quizás, el mayor legado que hoy continúa navegando a bordo del USS Nimitz.


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