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martes, 3 de marzo de 2026

Monumento Educativo Nacional




El Leño Pinto Digital


Monumento Educativo Nacional

 




Por

 

 

Homero Luis Lajara Solá

 

 

Maestra que sentó a la patria en un pupitre.

— Poeta Enriquillo Sánchez, refiriéndose a doña Lourdes Roques Martínez en el cincuentenario del Colegio Santa Teresita (1983).

 

El Colegio Santa Teresita, fundado el 3 de marzo de 1931 por tres damas visionariaLourdes, Minetta e Itha Roques Martínez— en su 95º aniversario sigue siendo una institución educativa de excelencia y un símbolo de lucha, valores y patriotismo. 

 

Este colegio ha sido un pilar de la enseñanza durante nueve décadas y un lustro, formando generaciones de ciudadanos íntegros y profesionales valiosos que han contribuido al desarrollo de la República Dominicana.

 

Su historia va más allá de los logros académicos: es una crónica de coraje, sacrificio y compromiso con la justicia, tal como señala el libro Doña Lourdes, maestra de generaciones. Memorias, de la autoría de Sonia Read Hoepelman

 

En los años más oscuros de la represión política, el Santa Teresita abrió sus puertas a los hijos de presos y perseguidos, otorgando becas a familias que no podían pagar. Aquel gesto, tan humano como arriesgado, fue una lección silenciosa de civismo y solidaridad.

 

Las damas que lideraron esa obra mujeres de carácter, formación y profundo sentido patriótico— sabían que educar era también liberar. 

 

Que enseñar a pensar era más importante que cualquier discurso pasajero y que un libro abierto podía ser más poderoso que un fusil. En sus aulas no se enseñaba solo gramática o aritmética; se enseñaba a amar la verdad, a respetar la dignidad ajena y a sentir orgullo por la bandera nacional.

 

Cada maestro y maestra del Santa Teresita — de ayer y de hoy— representa un faro moral. La exigencia académica es inseparable de la ética del esfuerzo. De ellos aprendimos que el conocimiento sin valores es estéril y que la educación no consiste en acumular datos, sino en formar conciencia. 

 

Por eso, quienes pasamos por sus aulas, bajo la mirada vigilante de esa vocación magisterial de calidad, recordando siempre ese profesorado de élite, entendimos que la disciplina era una forma de amor y el estudio una manera de servir.

 

A lo largo de los años, el colegio ha enfrentado desafíos materiales y económicos sin renunciar jamás a su misión. 

 

Hoy mantiene un alto número de estudiantes becados, demostrando que la educación solidaria sigue siendo su mejor herencia. Sus mosaicos originales, su arquitectura sobria y su historia viva merecen ser preservados como testimonio de la nobleza de la enseñanza dominicana auténtica.

 

El Colegio Santa Teresita debe ser reconocido oficialmente como Monumento Educativo Nacional, no solo por su antigüedad, sino por su papel en la formación cívica del país. Su lema Trabaja, estudia y ama— sintetiza la filosofía que nos enseñó a perseverar, a cultivar la mente y el corazón y a comprender que el amor al prójimo comienza en el respeto a uno mismo.

 

La educación del siglo XXI, con toda su tecnología y globalización, no debe olvidar esa raíz moral. Las tabletas y las pantallas no sustituyen la palabra ni el ejemplo de un buen maestro. Urge rescatar la figura del educador como guía espiritual, como arquitecto de conciencias y no como simple transmisor de contenidos.

 

La autoridad, como decía nuestra inolvidable directora, doña Atala de Inchaustegui, refrendada por su hija Amalia de Hernández actual directora,   nace del ejemplo. Y ese legado aún sin monumento de mármol, vive en la memoria de miles de alumnos que aprendimos a ser mejores dominicanos gracias a la entrega de esa dinastía silenciosa.

 

Honrar al Colegio Santa Teresita en su aniversario es recordar que educar sigue siendo el acto más patriótico de todos.


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