El Leño Pinto Digital
Groenlandia: una isla antigua, un interés muy actual
Por
Homero Luis Lajara Solá
Antecedentes históricos esenciales
Groenlandia —Kalaallit Nunaat— es la isla más grande del mundo. Habitada por pueblos inuit desde hace milenios, fue incorporada a la órbita europea a partir de los asentamientos nórdicos del siglo X y, con el tiempo, quedó bajo soberanía danesa.
Desde 1979 goza de autogobierno, ampliado en 2009, con control interno sobre casi todos los asuntos, aunque defensa y política exterior permanecen en manos de Dinamarca. El sentimiento independentista existe, pero convive con una realidad económica todavía muy dependiente de Copenhague.
Por qué importa hoy
Groenlandia no es solo hielo. Bajo su superficie hay tierras raras, uranio, hierro y otros minerales estratégicos. Además, el deshielo del Ártico está abriendo rutas marítimas más cortas entre Asia, Europa y América del Norte.
A eso se suma su valor militar: desde la Guerra Fría, Estados Unidos mantiene presencia clave (base de Thule/Pituffik) para alerta temprana y defensa antimisiles. En términos simples: recursos, rutas y seguridad.
El interés de Estados Unidos
Para Estados Unidos, Groenlandia es una pieza central del tablero ártico frente al avance de Rusia y China. Controlar —o al menos asegurar— su alineamiento estratégico reduce riesgos en el flanco norte y protege intereses tecnológicos y militares de largo plazo.
¿Qué quiso Donald Trump?
Cuando Donald Trump planteó en 2019 la idea de “comprar” Groenlandia, el mundo lo tomó como excentricidad. En realidad, el planteamiento fue brusco, pero el cálculo era clásico: asegurar una posición geopolítica crítica antes de que otros lo hicieran. Dinamarca rechazó la idea de inmediato, recordando que Groenlandia no es un activo negociable y que su futuro lo deciden los groenlandeses.
Dónde estamos parados
No hay —ni habrá— transferencia de soberanía por compraventa. Lo que sí existe es una competencia silenciosa por influencia: inversiones, cooperación científica, acuerdos de seguridad y apoyo al desarrollo local. Groenlandia, por su parte, juega su propia carta: avanzar hacia mayor autonomía sin romper equilibrios que garanticen estabilidad.
Groenlandia pasó de periferia helada a nodo estratégico del siglo XXI. Trump no inventó el interés estadounidense; lo expresó sin diplomacia. La isla seguirá en el centro del debate global, no por ambición romántica, sino porque en el Ártico se cruzan recursos, poder y futuro. Como siempre, la geografía termina imponiéndose a la retórica.


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