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domingo, 31 de agosto de 2025

La revolución de la navegación del siglo XVIII , cronómetro marino , GPS , y sistemas satelital , más exactitud y seguridad





El Leño Pinto Digital



CÁPSULA NAVAL 




Por Homero Luis Lajara Solá 


En los mares de antaño, los marinos eran valientes pero navegaban casi a ciegas: 

Conocían la latitud gracias al Sol y las estrellas, práctica heredada desde la antigüedad cuando los sabios griegos, como Eratóstenes de Cirene en el siglo III a. C., trazaron por primera vez un sistema de paralelos para ubicar la posición sobre la Tierra. 

Sin embargo, ignoraban cómo fijar con precisión la longitud.

Esta carencia provocaba naufragios, pérdidas de flotas enteras y hasta el desvío de rutas comerciales.

El gran enigma comenzó a resolverse en el siglo XVIII, cuando John Harrison, relojero inglés, presentó su célebre cronómetro marino (1761). 

Por primera vez, los navegantes podían comparar la hora local con la hora del puerto de origen y así calcular la longitud con exactitud. 

Fue una revolución silenciosa, tan decisiva como el descubrimiento de nuevas tierras.

Hoy, con el GPS y sistemas satelitales, la longitud se determina en segundos, pero su valor estratégico permanece intacto: es la coordenada que, junto a la latitud, mantiene a la nave en el rumbo seguro hacia su puerto de destino.

Los de hoy, herederos de esa tradición, cuentan con instrumentos precisos, pero no deben olvidar que la brújula moral y el juicio del comandante siguen siendo la verdadera “longitud del deber”.

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