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viernes, 22 de mayo de 2026
Hermandad constituye Comité Gestor para integrar Veteranos de Estados Unidos como socios de la institución.
Para no morir antes de tiempo
Para no morir antes de tiempo
Por
Homero Luis Lajara Solá
Giovanni Boccaccio escribió El Decamerón en medio del caos de la peste negra que devastó Florencia en 1348. Mientras Europa veía morir a miles de personas y el miedo dominaba las calles, este escritor italiano tuvo la audacia de hacer algo distinto: retratar al ser humano tal como es, con sus virtudes y miserias, pero también con su necesidad de seguir viviendo aun cuando todo parece derrumbarse.
La obra narra cómo diez jóvenes abandonan la ciudad enferma y se refugian en una villa campestre donde, para escapar del terror y de la desesperación, comienzan a contarse historias. De ahí nacen los cien relatos de El Decamerón, llenos de amor, ironía, deseo, humor, inteligencia y crítica social. Boccaccio comprendió que las pandemias y las crisis sociales no sólo destruyen cuerpos; también ponen a prueba el alma de las sociedades.
Lo extraordinario es que, en vez de escribir únicamente sobre muerte y tragedia, decidió defender la conversación, la imaginación y la alegría como formas de resistencia espiritual. En tiempos donde muchos predicaban miedo y castigo, él habló de humanidad. Por eso su obra terminó convirtiéndose en uno de los pilares del Renacimiento.
Y quizá ahí esté el verdadero mensaje que atraviesa los siglos: cuando las crisis golpean a las civilizaciones, el ser humano puede encerrarse en el odio y el fanatismo, o puede refugiarse en la cultura, la amistad y la capacidad de pensar. Las pandemias y los grandes conflictos pasan; lo que permanece es la forma en que cada sociedad decidió enfrentarlas.
Boccaccio dejó claro que incluso en medio de la oscuridad más profunda, el hombre sigue necesitando relatos, belleza y esperanza para no morir por dentro antes de tiempo.
jueves, 21 de mayo de 2026
Prisión para hombre que mató hijastra de ocho meses en San Cristóbal
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NEUTRALIZAN OTRA NARCOLANCHA CON ALIJO DE 978 PAQUETES DE PRESUNTA COCAÍNA; CAPTURAN A TRES VENEZOLANOS
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UNICARIBE adquiere plataforma Educaçao+a con 957 laboratorios digitales utilizados por Purdue University
El sabio y el arrogante
El sabio y el arrogante
Por
Homero Luis Lajara Solá
El que cree que todo lo sabe, en realidad ya comenzó a dejar de aprender.
La historia está llena de hombres brillantes derrotados no por falta de inteligencia, sino por exceso de seguridad en sí mismos. Sócrates, uno de los grandes pensadores de la antigua Grecia, dejó una frase que ha sobrevivido siglos precisamente por su humildad: “Solo sé que no sé nada”. No era ignorancia; era conciencia de la inmensidad del conocimiento humano.
Hoy ocurre lo contrario. Vivimos en una época donde muchos confunden información con sabiduría. Tener acceso inmediato a datos no significa poseer criterio, profundidad ni experiencia. El hombre verdaderamente culto suele hablar con prudencia porque entiende que cada tema tiene matices, contradicciones y zonas oscuras.
Cuando alguien cree que ya llegó a la cima del conocimiento, deja de escuchar. Y cuando deja de escuchar, empieza lentamente a encerrarse dentro de sí mismo. La soberbia intelectual es peligrosa porque transforma el diálogo en monólogo y convierte toda conversación en una competencia de egos.
Miguel de Cervantes lo retrató magistralmente en Don Quijote de la Mancha, una obra escrita a comienzos del siglo XVII que sigue siendo actual porque describe las ilusiones humanas, la terquedad y esa tendencia del hombre a confundirse con sus propias ideas. Por eso los clásicos nunca envejecen: porque hablan de defectos eternos.
En la vida militar, en la política, en la empresa y hasta en la vida cotidiana, los errores más graves suelen venir de personas incapaces de aceptar consejos o reconocer límites. Los grandes comandantes navales desconfiaban siempre del exceso de confianza. El mar enseña humildad. Ningún navegante serio desafía una tormenta creyéndose dueño absoluto de las aguas.
Mientras más aprende una persona, más comprende todo lo que le falta por conocer. Ahí está la diferencia entre el sabio y el arrogante. El primero sigue preguntando; el segundo ya se siente dueño de todas las respuestas.
Y quizá por eso el hombre verdaderamente inteligente nunca necesita anunciar que lo sabe todo. Su serenidad habla por él.
miércoles, 20 de mayo de 2026
Presidente de la Hermandad de Veteranos realiza visita oficial a la Embajadora de la República Argentina en República Dominicana.
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